El armario


Encerrado en el antiguo armario abrazado a sus pies hecho un ovillo en el rincón. El olor de cedro y naftalina saturaba su nariz. Una solución salina besaba sus labios con amargura. Apenas una luz lo conectaba con el mundo del que se escondía. Un pequeño orificio, hecho por el berrinche de la madera, le permitía espiar unos instantes del mundo exterior. Aterrado de los monstruos que ahí habitan. La mejilla buscaba una tela agradable al roce dónde recostar la cabeza y limpiar el rostro, pues la manga ya se encontraba saturada. El closet de blancos siempre ha sido el mejor fuerte. Salir para morir, era mejor permanecer en la seguridad de su fuerte ha tener que morir desgarrado por las garras de aquellas fieras.Monstruos con garras y dientes filosos perfectamente bien peinados y trajeados.Fieras, que sin saberlo, vivían y se alimentaban en su interior. Lo atormentaban.Sacudían su fuerte y azotaban su pequeño e incomprensible mundo. El miedo, siempre el miedo. Vivir eternamente con él mientras sus sueños huían a la seguridad de las alturas. Volaban, y el, tendría que refugiarse hasta quedar dormido para volver a rencontrarse.  Porque era ese miedo el que lo congelaba y lo paralizaba. Miedo a encontrarse muerto y solo estando vivo. Muerto sin nadie a quién amar, en verdad lo intentaba, anhelaba tener la fuerza de volver a amar pero las heridas eran muy profundas y el mundo parecía muy aterrador. ¿A quién iba a amar? ¿Quién podría amarlo con las cadenas que lo ataban a aquél armario viejo? Sólo le quedaba llorar y dormir esperando que el veneno hiciera efecto para volver a tocar aquellos labios rojos que tanto amó. Para volver a estar juntos una vez más.

Ejemplos, ejemplos y más ejemplos de una codorniz empedernida


Vida... aquella agonía de comenzar un nuevo camino contando los pasos restantes para llegar al destino final deseando que la distancia fuera más corta para luego desear, a medida que la cuenta llega a cero, que la distancia fuera más larga y nunca finalizara. Luego… volver a empezar. O esa falta de simetría en los pies que avanzan sin preguntar a dónde o por qué. Es andar con la extraña sensación de que no se es más que una fracción de segundo en la inmensidad de lo que se llama espacio-tiempo. Es el autor frustrado por no poder acabar su novela. El pintor que traza mil veces la línea en busca de la sonrisa más honesta y perfecta.  Es el perro callejero al que le diste las orillas de tu emparedado y ahora te admira como su salvador. La compasión que sientes al ver en la televisión un elefante abandonado por su madre. El arrepentimiento del beso que no robaste. La tristeza de un niño que se le ha caído su dulce al piso y su madre le ha prohibido tajantemente volverlo a introducirlo en su boca. La culpa de no haber hecho las planas que la maestra dejó y el miedo de que le digan a tus padres. O quizá el berrinche de una niña por que quiere su muñeca.
     Una gama de colores que desciende a grises con el dolor de un corazón roto y remendado con helado. La sorpresa de un bebé al ver la burbuja reventarse en la punta de su nariz. Todo aquello que recuerdas con la mínima trascendencia que es enorme en tu día-día. Sentir el afecto de un antiguo amigo separado por el capricho humano. El tiempo que corre mientras tratas de alcanzar las manecillas. Detenerlas, y darte cuenta que el tiempo continuó sin ellas. Serás el anciano que remilga de la juventud añorando la suya y también el beso que le des a tu nieta tras un golpe en una esquina. La alegría de los momentos que no se volverán a repetir con la nostalgia de los recuerdos. Será el minuto de silencio en el que guardamos en la memoria a los que ya no están, mezclado con una esperanza de volver a verlos algún día. La vida sabe al calor de un chile seguido por el frío del agua y esos gemidos mientras mantienes la lengua de fuera. El sudor del trabajo y el orgullo que lleva conseguir las metas. La amargura de la derrota y la dulzura del abrazo. Sentirás la frustración de querer atarte las agujetas y no poder para después tirarle de la manga a tu mamá y pedirle que lo haga. Será la canción de cuna que te arrullará liberándote del miedo a la obscuridad. Será el beso seguido de caricias. El despojo salvaje de esa falsa piel que llamamos ropa. Piel que se une con la imaginación para comenzar el juego del deseo. La ansiedad de saber que se esconde. La intriga de la sorpresa en el regalo. O será simplemente la señora que se sienta a tu lado en el parque y te dice cuál es la mejor forma de seleccionar la fruta del mercado. Situaciones que engloban la locura incomprensible del hombre. Llorar y Reír. Amar y Odiar. Alegría y Enojo. Soñar y Gritar. Todo esto para luego cerrar los ojos y volver a empezar. 

Una propuesta indecorosa


Siempre tratando de dar orden a lo que por naturaleza no tiene. ¡Que falacia más grande es la poesía! Siempre con sus versos, su métrica, ritmo, rima y demás estructura por demás pedante y egoísta. Tratando de embellecer lo que por naturaleza es bello. Tratando de cuadrar y formar una estructura a algo carente de ello. No te comprende como yo a ti en tu naturaleza salvaje y desmedida. Emociones y sentimientos que llegan como olas asechando nuestra mente. Acciones fugaces e impredecibles. ¡Qué tonta es la poesía al intentar atentar contra tu naturaleza! Déjala. Ven y cásate conmigo. Ven conmigo y deja a ésa que llamas poesía. 

El ciclo del carbono


La primera fase normalmente comienza experimentando un shock en el que esperarás que sea una mentira o una pesadilla. Esta fase dará paso a un llanto incesante que culminará con un sentimiento de humillación y una asfixia provocada por la mucosa segregada en las fosas nasales impidiéndote la respiración. Sentirás una presión en el pecho y un intenso dolor. Lo que más te dolerá no es el hecho de que no esté sino los recuerdos y la certeza de saber que no habrá nuevos. Lentamente maldecirás y buscarás un culpable a tu dolor. Te enojarás y desearás que no pudiera intervenir. Desearás haber sido mejor de lo que fuiste pues ya no es tiempo de disculpas o decir te quiero. Los oídos ya no escuchan y una terrible nostalgia y soledad te inundarán. Desearás un momento en soledad durante el cuál tendrás una meditación calmada y profunda con algún lagrimeo y gemidos de llanto. Empezaras con los recuerdos y a platicar aquellas experiencias y vivencias en común. Lentamente, aquellos hábitos que tenían que odiabas y te molestaban empezaran a gustarte e incluso, sentirás necesitarlos. Necesitaras afecto y un abrazo de alguien conocido y empáticamente en tu situación para retomar tu llanto silencioso. Terminada esta fase empezaran las falsas risas y anécdotas joviales. Querrás recordar aquellos momentos que compartiste y desearás que tu memoria no los pierda. Te aferraras a cada recuerdo que permita olvidar el frio en el pecho. Tendrás que despedirte tratando de no pensar en la soledad que te produce llevarte tu dolor. Te recostaras, pues la muerte fatiga, y lloraras,aún cuándo ya te arden los ojos, hasta quedar profundamente dormido para levantarte y pretender que todo fue una pesadilla. 

Velo


Velo negro y salado. Convivimos con esa realidad mientras no nos rodee. Aguas de dolor acompañadas de "¿por qués?". Una serenidad y silencio que disfrazan el sufrimiento interno. Pues es mejor cuándo se está solo; es ahí cuándo se grita y hace berrinche. Se suelta el llanto y las calumnias. Esperando que todo sea un mal sueño, se pellizca el brazo hasta quedar amoratado. Gritas en desesperación para luego gemir y atraparte el pecho. Un abrazo y la búsqueda del calor humano para callar nuestros demonios. Demonios que pisan y atormentan el corazón marchito. ¡Ya no estas!-gritamos con dolor mientras el nudo crece-¿A dónde te fuiste? ¿Por qué me abandonas? Con la voz muriendo pedirás una negociación rogándola por favor. Oídos sordos de lo que el ciclo natural se lleva. A él no le importa el afecto que se tenga, es sólo la nube que cubre nuestros ojos. Negro y frio es el final de un sueño fatal. La falsa realidad que llamamos vida.  

Mancuerna


Tomé la botella para embriagarme y eventualmente llegar a las lágrimas. Lentamente irme deslizando a cualquier lugar que me pueda hacer escapar de la realidad. Un lugar dónde ya no duela tu ausencia. Pero el grito que desgarra el pecho es muy hondo y el alcohol no logra cerrar las heridas sangrantes. Quizá duerma y sólo así te pueda ver en mis sueños. Abrazarte. Acariciarte una vez más esperando que mañana no me duela la cabeza para poder volver a empezar. Llenar el vaso, llorar y escapar para luego volver a soñar y amar. Con más fuerza golpeo las letras. Que la tinta se inyecte en lo profundo del papel. Inmortalizándote. Dejando eterno lo que en vida no pudo ser. Una campanilla que me avisará que el final se acerca. Quería herir el papel tanto como los sentimientos expresos me lastimaban. Era una fuga. Gran mancuerna: papel y alcohol. Con cada línea y punto deposito un poco de mi alma, de mis sueños y esperanzas. Un falso alivio hasta que la página quede llena y el vaso esté vacío. Las horas pasan, el reloj da vueltas sin cesar y no hay nada que alivie el dolor. Te fuiste y te llevaste parte de mí. Cuento los días sobreviviendo en lugar de vivir. Cuento las horas y los días. Bebo y espero irme pronto contigo. Tomo, ansiando que pase el tiempo para volver a verte, aunque sea un desliz, una imagen fugaz. Pero mientras, invento un mundo para no tener que vivir en uno sin ti. 

Una taza, por favor


Dame otra taza de café. No quiero dormir. Temo que cuándo cierre los ojos no estés en mis sueños. Estaré sólo y los monstruos de mi corazón me atormentarán. Abre bien los ojos que no se sienta el cansancio. El hecho de saber que ya te perdí me molesta. Tampoco te quiero perder en mi mundo. En mi mente, mis sueños. Te vas; dejando una ausencia con tu silencio y tu indiferencia.  Una taza más para poder sentir calor en el cuerpo. Ya no hay caricias que me hagan sentir vivo. No quiero dormir hay monstruos en la cama. Se comen mis sueños, mis deseos. Quédate. Acércate. Tengo miedo, abrázame. Evita que me rompa en mil pedazos.  Dame otro trago porque sé que si cierro los ojos te irás y no volverás.

Un pececillo naranja


Sumergí mi cabeza. El pequeño mundo irracional se me antojaba. Quizá ahí dentro mi memoria se borrara. Durara únicamente tres segundos. Quería perder mis  escamas y agallas. El mundo se veía muy diferente dentro de mi casco. Un acuario inmenso. El vidrio alejaba todas las emociones y sentimientos pero se sentía extraño; era algo nuevo. En mi pecera giraba de un lado a otro para volver a comenzar. Cruzarla era una nueva gran aventura. Llovía comida. Tanta paz. Tunk. ¡Oh, sé acabó! Daba la vuelta y me encontraba ante un espacio infinito y desconocido. Podía sentir mis pequeñas aletas en la calma del agua. Un poco más. Podía sentir un mundo diferente. Más amplio. Bullicio y colores. La luz no se deformaba con el agua. Desparecía el eterno arcoíris por una luz blanca y grisácea.  Sólo otro poquito. ¡No! ¡No! La pecera empieza a rodar por la mesa. ¡Nos caemos! ¡Nos caemos! ¡Auxilio! Crash. Plash Splash. No puedo respirar. Splash Plash. Tráiganme agua. ¡Auxilio! Quise juagar al humano y me ahogue en pensamientos y emociones.

We promise never falling in love, to be like brother and sister with an unbreakablele friendship. Now, we regret our empty promise in a deep silence where tears and pride full filth our hearts.

Desierto


Fue hace dos meses desde tu último beso y te robaste el aliento, te robaste el aire, la vida. El desierto se ha ido expandiendo y la sed crece en el pecho. Los labios se empiezan a cuartear. Es sofocante. La lengua toca la parte superior del labio tratando de satisfacer la sed que dejó tu cuerpo; pero la lengua esta igual de seca. La soledad desértica. El viento se lleva pedazos de los labios, arena que vuela con capricho. Van desapareciendo y la sed se esparce en el cuerpo. Se va quebrando y agrietando. Un silencio que se filtra en la cabeza, un desierto agonizante y sin final. El cuerpo se resquebraja como un lecho del río al que el agua ha abandonado y se libera hecho arena al viento. Sin fuerzas se inca mirando al Sol pidiendo por clemencia. Una suspiro que no tendrá respuesta. Una lágrima que recorre escasos centímetros del rostro antes de evaporarse. Tu ausencia. El espejismo de tenerte. Un desierto encerrado. Quema y da falsas esperanzas.  Eterno. Infinito e interno. Una mirada perdida que enfoca tus labios rojos. Tu lengua. Tus besos. Te fuiste llevándote todo. Dejaste un desierto y no miraste atrás. EL rostro se funde con el viento. Gris es la arena del dolor. Polvo de piedra. Es lo que es un cuerpo vacío y sin ilusiones. Vuelve... se puede murmurar antes de que el aire se lleve el resto del cuerpo. Cuerpo que ahora flota, pues sólo es polvo en el viento.

Vino y Cigarro

En la ventana se encontraba el ramo de flores marchitas. La pureza del blanco había desaparecido quedando la impureza del café. El jarrón de cristal se encontraba sucio y lleno de polvo. No lo cambiaba. No le importaba. Las flores eran bellas y ella las odiaba. Se había ido y el tiempo con él. La belleza y la fama son efímeras y el amor que surge de ellas, a veces, también lo es.Platos sucios y vasos rotos. Colillas de cigarro por aquí y por allá. Una mancha seca de vino tinto contrasta en la alfombra. Un televisor prendido gritándole al viento mientras giraba en sus delirios. En su pasado. Las imágenes iluminaban una pared sucia y amarilla. el cigarro había marcado su presencia en el cuarto generando una picazón en la nariz, se podía percibir el sabor de tabaco, nicotina y alquitrán. Humo, cenizas y polvo se fusionaban. Cortinas de terciopelo rojo mugrientas y tiesas se cerraban dándole un aspecto más nostálgico a la pequeña habitación. Triste y lúgubre. Un rayo juguetón se filtraba por un pequeño hoyo en la cortina el polvo bailaba alegremente. En la pared de enfrente, un solo cuadro. ¡Oh! ¡Aquellas épocas de fama y fortuna! Fui tan bella; tan hermosa. Cantaba con el mismo vestido viejo que la vio en su época dorada. ¡Cantaba cómo musa! ¡Pero el tiempo pasa! ¡Maldito Tiempo! ¡Maldito hombre! Vino y cigarro. Juntos aliviaban su dolor. Su amargo sabor de traición. ¡Todo se lo llevó! Se sienta en su sofá, la mano con la copa danza al son de la canción, tararea y fuma. Cigarro en una  y vino en otra. Una y otra vez reproduce el concierto. Lo revive. Lo sueña. Aquellos años dorados. Desearía que volvieran. Canta lo último.Non, Rien de rien, non, Je ne regrette rien. Car ma vie, car mes joies. Aujourd'hui ca commence avec t... abre los ojos cantando la última nota a todo pulmon. El cigarro se cae al piso dando tres brincos antes de apagarse. La copa se estrella en el piso derramando su líquido rubí y, la mano, se desmalla en el sofá.

No es una carta es... un trompo


No te voy a lastimar lo prometo…
Y con una sonrisa terminé de convencerte. En mi mente se repetía más de quince veces. No te voy a lastimar. Cada vez más quedito. Despacito hasta convertirse en un murmullo. Esta vez  la cabeza trataba de dominar el corazón. La quieres- le decía y lo repetía. Aún soñaba con ella y estar con ella le producía felicidad pero, algo en él lo molestaba. Vete. Vete otra vez. Corazón ya te había olvidado. Era algo muerto; no puedes seguir en mi pecho.
¿Por qué no te puede odiar? Sigues presente. Eres más fuerte que un recuerdo. No te puede negar mucho menos olvidar. Te fuiste y me sentí aliviado. Tu partida había quitado un peso de encima. Tú tienes la culpa. Tú la vas a lastimar. No sé de qué sea capaz contigo. No, ella no tiene la culpa. Ninguna la tiene. ¿Y yo? ¡Tú no eres responsable de corazón! Quizá no; sólo sigue la corriente y tal vez todo salga bien. Tal vez. Sólo tal vez…
Di que no es para mí. Di que aquellas palabras lindas no son para mí. Trátame con desprecio. ¡Ódiame! Te lo ordeno. Deséame mal y no cosas buenas. No me des besos. No me acaricies. No seas condescendiente. No me digas que me quieres. Di que me desprecias. Que te hago daño. No me digas que te sientes bien. No me digas que sabes que no te haré daño. Dime que sabes que pronto terminará. Dime que sabes que va a dejar de girar. Sé que en el fondo también lo sientes.
No somos perfectos. Somos seres llenos de magulladuras y errores. Creados por nuestros miedos y prejuicios. Malformados y dañados. Domados por la mente y no por el corazón. Seres que se adaptan y evolucionan. Atacan y destruyen en defensa propia o por adaptar. Hacemos daño. Somos máquinas para destruir. Parásitos. Fuimos creados para destruirnos y todo lo que esté a nuestro alrededor. Depredadores naturales buscando la siguiente presa. Así es el ser humano. Egoísta. En busca de dejar un legado. En busca de la inmortalidad. Ya sea en carne, recuerdo, u objeto; algo que trascienda nuestras míseras y cortas vidas. Siempre buscando como seguir presentes. Seres destructivos y egoístas. ¡No pretendas que no es cierto! ¡No pretendas que somos diferentes! Nos vamos a destruir. Estamos jugando un rato. Es lo único que hacemos y lo sabes. Cura tus heridas pero no pretendamos que seremos eternos. Sabemos que terminará. El juego debe de acabar.
Otro beso que se roba. Otra caricia. Otro abrazo. Otro te amo. No nos aburrimos y seguimos enredando. Pero no hemos olvidado. Traemos cuerda. Nos queremos, o eso creemos. Seguimos soñando e imaginando un futuro inexistente. Destinado a desvanecerse en los rincones más fríos de la mente. Aquellos recuerdos que serán destinados a un recuerdo de olvido. Esos recuerdos que se tienen que odiar por ser de esa persona que nos lastimo. Recuerdos de olvido fríos. La simple acción de traerlos de regreso lastima. Duele muy profundo. En lo más hondo de los sentimientos. Abismos que preferimos no surcar y que es más fácil rodear. Pretender que no existen. Pequeños hoyos que lo hacen brincar.
Toma el trompo, dale cuerda y hazlo girar. Ríe y disfruta cómo los colores se mezclan creando  múltiples colores. Vive. Siente y enamórate. Maravíllate ante su equilibrio. Un perfecto equilibrio que mantiene en movimiento mientras gira entorno a su eje. Gira como el mundo se inclina y regresa. Lentamente se detiene llegando a su fin. Empiezas a notar la presencia del rojo. Ya no es más una mancha. Uno. Dos. Tres. Cuatro. Cuatro colores. Rojo. Amarillo. Verde. Azul. Ya no son muchos. ¿A dónde se fue el arcoíris? ¿Por qué ya no te ríes? ¿Por qué ya no disfrutas? No te esfuerces más. Terminó el trompo de girar. Es momento de comenzar otra vez. Un nuevo juego. Vuelve a enredar la cuerda. Enamórate otra vez y ten un nuevo sentimiento. Nuevas emociones. Nuevos recuerdos. Ve y sé libre. Así debía ser. Desde un principio sabías que terminaría. Guarda los buenos recuerdos y aprende de los malos. Sé más fuerte más no dejes de amar. Toma el trompo y hazlo girar.

Rosa Mexicano

Al vuelo de las palomas cruzaron la plaza. Las campanas sonaban mientras corrían agarrados de las manos. La típica plaza de pueblo con su iglesia de color chillón y su piso adoquinado. Una mujer con vestido colorido y rebozo pasaba a un costado de la fuente. Se escuchaba la risa de los niños mientras jugaban a la sombra del kiosco. Estaban juntos y era lo único que les importaba. La joven pareja sonreía ante la lluvia de arroz y gritos de júbilo. Ella, en su vestido blanco, posiblemente un vestido de varias generaciones transmitido como reliquia y joya familiar, con su ramo de múltiple colorido y él, con su traje negro, nervioso pero contento. Sonreían, al menos por el momento, eran felices; no tenían que preocuparse del futuro o del monstruo del hambre y la pobreza. Fácilmente podías transpolar la situación a cualquier otro pueblo mexicano e, incluso, en cualquier otra época. Un padre bendecía a la joven pareja mientras salían. Un catolicismo politeísta, los dioses indígenas cambiaron de imagen y nombre más no de función. Faltaba un sacrificio en medio de la congregación. Faltaba la sangre, pero los pollos no tardarían en sangrar. Una cultura criolla que no ha cambiado en su raíz con el paso de los siglos. Siguen los indígenas marginados y los europeos enriqueciéndose. Encomenderos disfrazados en el capitalismo. Una autocrática democracia para un pueblo ignorante y religioso. El rico vive y el pobre busca sobrevivir. Otra María y otro Pepe que se casa. Pronto Pepe tendrá que emigrar en busca de algún trabajo mediocre que pueda dar algunas monedas. Sus estudios pobres y pocos no darían para más de un oficio. Tendrá que ir a la ciudad o el arduo cruce del desierto para encontrar un amiente grosero y sin respeto para los que buscan el sueño americano. Cruzará un muro de llantos y sufrimientos para convertirse en esclavo de alguna plantación o fábrica. Triste para quienes no pueden comprar su destino. Un mundo con una falsa competitividad empresarial. Un mundo donde la muerte escoge con un bolado a sus víctimas. Cuándo a veces es mejor tomar un tequila con el destino, quizá podamos engañarlo un rato. Vivimos la falsa revolución que cambió un dictador por otro. Un mundo que se esconde bajo el velo de modernidad con hábitos arcaicos y, en ocasiones, destructivos e inservibles. Mundo de ilusiones e imágenes. La publicidad dicta los sentimientos y gustos. Lo bueno y lo malo. Pueden hundir o idealizar a un hombre. En qué mundo se casaron María y Pepe. Los cohetes artificiales y el vitoreo sirve para no pensar en lo que se avecina. Ahora es momento de festejar; por ahora el amor lo puede todo. Esperemos que el amor no se acabe con el dinero. ¡Gaznates! ¡Muéganos! ¡Alegrías! Faltaba el viejo vendiendo sus dulces. Ahora sí, la imagen es digna de un cuadro. ¡Que llamen a Rivera o a Orozco! ¡Qué pinten otro mural! ¡Que en el trazo de su pincel quede gravado todo! ¡Que no se olviden las sonrisas y tristezas! Sin negar nuestras raíces aceptamos lo que somos. Un país criollo y multicultural. Un país de cinco continentes. La piel se pinta de rojo, café, blanco y amarillo. Se burlan de sus raíces con un humor picaresco y dentro de su precaria situación no se pierde el humor. ¡Que viva el mexicano! ¡Qué viva su humor y sus raíces! No olvidemos quienes somos y de dónde venimos. Sonrían al ritmo del huapango y el zapateado. ¿Mole y arroz?-preguntan al servir. Orgullosos son María y Pepe de su país. Con orgullo gritan su nombre. Cantan cielito lindo, el himno popular. Ríen y bailan. No pierden la fe. Fe que ciega algunos y ayuda a vivir a otros cuándo la tristeza derriba el alma. Siempre tendrán a quién culpar o quien pedir ayuda. Orear a oídos sordos. ¡Pasen otro tequila! ¡Den otro mezcal! ¡Tepache pa’ los niños! Que se sienta en la garganta el fuego de la tierra. Una mariposa, alma de mujer, danza al ritmo del viento y un huitzillin, alma del guerrero, cortejan la boda. Juntos festejan. ¡Dancen con el viento! Sean libres nobles creaturas; que del alma de los hombres son portadores. Canten con sus hermanos que del júbilo no hay quien repele. Celebren. Es momento de ser felices. Y con el mariachi se esconde Tonatiuh para dar paso a la bella coneja. Ix U les regala una hermosa velada al canto de la cigarra. Su velo de plata alumbra tan alegre verbena. Que se festeje hasta que el cuerpo aguante. María y Pepe pronto tendrán una familia. Mínimo tres hijos. Escuela-dinero, comida-dinero, ropa- dinero, techo-dinero, sobrevivir-dinero. Poblemas que se deben solventar para sobrevivir. Irónico que a veces los que pocos tienen más deben mantener. Una vida de trabajo sin fin. Trabajar hasta morir. Pero a ellos que les importa. La noche es joven y que siga la parranda. Disfrutan las escusas que la vida les presenta para reír y divertir. Después será lunes, hoy se deben divertir. Felices son de su familia y su tierra. La trabajan con orgullo y alegría. Toman de ella tan preciados frutos, únicos y excepcionales. Retrato vivo y multicolor. Alegría y pasión. Es lo que los distingue del resto del mundo. No pierden la esperanza. Su bandera bien los retrata. Gente con fuerza. Gente con raíces. Gente que lucha. Gente de paz. La tormenta no tardará en pasar y el Sol, volverá a brillar. Viva pues esta tierra del maguey. Que se vean las sonrisas. Que se escuchen los cantos alegres y que de las lágrimas de su gente sea el agua que alimente su verde. Que se sienta el corazón latir con su gente, pues así son los del ombligo de la luna. Así pasan al vuelo mientras divago con la pluma en el cuaderno. Sentado en una banca de la plaza a las sombra de un árbol. Disfrutando del adoquín, de la fuente, del viento. Al fondo, el sonido de la marimba inunda el centro con su canto. Viendo la gente pasar mientras pienso la boda de María y Pepe. Pueblos. Historias, Tradición, Englobo mi mundo, mi México, garabateando la mente en el cuaderno. Así vuelan las palomas al júbilo de las campanas.

Quiero


Quiero ser el ladrón de tus sueños. Quiero ser la imagen que veas en la luna. Quiero ser el nombre que te susurre el viento al oído. Quiero ser el calor de tu noche. Quiero ser el que cure tu llanto,el que cure tus heridas. Quiero saber la verdad. Quiero estar contigo.  

Soñando-olvido


Despertó después de un largo trance. En su boca se dibujaba la linea de la felicidad. Algunos dirían que había dormido. En su cabeza se convencía de que había sucedido. Había estado en lo que se podría llamar un sueño. Un mundo que se había construido detalladamente en su cabeza. Diseñado a su gusto y capricho. Perfecto, por así llamarlo. Lo que provocaba esa linea provenía más abajo de la cabeza. Rojo y fuerte palpitaba sin parar lamentando haber regresado. El sueño había culminado en un momento crítico; por extraño que parezca, aún tenía el dulce sabor en su boca. Su mente se concentraba trabajando más rápido de lo normal. Sus ojos se movian de lado a lado desorientados. Quería grabar el sueño en su memoria. Convertir el sueño en un recuerdo real; uno vivo. Uno que no se olvide. ¡Sus ojos! ¡Su mirada! ¡Su olor! ¡Su boca! Grabar cada detalle; la luz, el contraste...su cuerpo. ¿Por qué acabo? ¿No podía vivir eternamente en ese sueño? Vivir juntos. En eso pensaba. Su pequeño romance nocturno. No podía explicarlo. Podía sentir las texturas, los olores y sabores. La suavidad de aquellos labios y el sabor que le legaban. Pasó el dedo por su boca. Sintiendo. Recordando. Lentamente una neblina se iba apoderando de su mente. El negro abismo del olvido la invadía. Iba desapareciendo. Primero se fue el fondo. Difuminándose suavemente. No podía recordar más que aquél rostro. Rostro de inmaculada belleza. Rostro con dulces labios y mirada perfecta. Sentía besar ese cuello de deseo. Las narices que se cruzan en un juego de afecto. Un conjunto de belleza que se perdía en el olvido. Despareciendo. Se fue borrando quedando el recuerdo de una mirada lejana. Una mirada de amor y pasión. Se iba volando. Se fue. Todo era negro. Cerró los ojos concentrándose. Un sabor en su boca. Dulce y romántico. Un último sabor y así como todo empezó, terminó. Mágico y fugaz. Un dulce mundo que se desvaneció con la llegada de la luz. Un sueño de amor. Lo que de la noche nació, en la negrura dela memoria se perdió.  

Cura


En las palabras de tu silencio encontré el consuelo de este peso. Tan ciego, tan callado. El tiempo curó lo que las palabras no pudieron. La soledad de tu compañía congeló el fuego de mi pecho. Las mariposas se cristalizaron perdiéndose en el tiempo. Corre y no vuelve tomando lo que estuvo a su paso. Engranes que enfrían y calientan. Nacen y mueren. De tu boca callada debí aprender lo que sólo el silencio puede enseñar. Una cicatriz, recuerdo de una herida. Envejece con el tiempo. Tiempo que cura pero no olvida.  

"I"


Ingenua ilusión. Ingenuo sentimiento. En la mente confundió lo que los ojos mostraban. Que de un vago corazón; la imagen se idolatró. Ingenuo te heriste. Ingenuo te cortaste. Creaste una imagen. Creaste tu realidad. Creaste tu perfección. Creíste enamorarte. Ingenuo iresponsable corazón. Bobo. Tonto. Una soledad disfrazada. Ingenuo fuiste corazón.  

Burbuja


La inflamos juntos. Creció hasta que reventó. Su contenido era mayor que la fuerza que lo contenía. Voló alto y siguió creciendo, pero pronto debía terminar. La fragilidad. La belleza. Dentro, el reflejo de risas y alegrias rompian en colores. Más su estructura era inestable. Construida en la tensión y destinada a perecer. Fuimos juntos y terminamos solos. ¡Plop! Exploto, salpicándonos el rostro. La inflamos más de lo que podía y el aire la consumió. Sólo pequeñas gotas dejan un rastro de lo que fue. Rastro de la ilución. Ilución de mil colores. Gotas. Gotas separadas, salpicadas y lejanas. Gotas es lo único que quedó.  

Maldición


Un ardiente deseo invadió aquél desdichado ser. Deseo de ser parte de aquella alma pura. Hermosa de naturaleza y posedora de gran inteligencia. En su deseo radicaba su maldición, pués se juró nunca hacerle daño ni provocar sufrimiento alguno. Para grandeza de sus pesares, por medio de una larga meditación, comprendió que el unico modo de amarla sin dañarla era dejándola. Caminar el camino paralelo, así bajo el yugo de su juramento, sería capaz de nunca lastimar tan bella flor. Flor, que aún, poseyendo gran fortaleza, independencia y valor era de nobles sentimientos. Una flor que había resistido el paso del frío y la tristeza. Más de una vez, había visto ser arrancados sus pétalos en un simple juego. Juego llamado, por algunos, amor. Otros, manipulaban ese sentimiento para lograr fines materiales. Aquél desdichado no tenía otro remedio más que consolarla y cuidarla. Limpiar las huellas de su rostro y tratar de no marcar las propias.  

Rêve


Agarrados de la mano caminaban a orillas del Sena. Un manto de estrellas los cubria. La tranquilidad y frescura de la noche los envolvía mientras paseaban. La belleza de la ciudad los atrapaba en su místico romance. Acurrucados caminaban al ritmo de los enamorados. Tambaleándose en su mundo. Las notas de aquél saxofón bailaban en el viento, jugaban y giraban. La luna tocaba para ellos. Los veia y con ellos se enamoraba. En su enamoramiento descendió hasta tocar con sus labios la ternura del río. Observaba como se besaban. El, la atraía a su pecho con la mano en la cintura mientras la cargaba ligeramente. Ella, levantaba ligeramente el pie y se entregaba a sus abrazos. Una sonrisa de afecto iluminó sus rostros y reanudaron la marcha. Así, simplemente, agarrados de la mano. Riendo. Besando. Amando. Juntos. El mundo era de ellos. Paris y la Luna tocaban para ellos.  

Andria


Le tomó las manos y la atrajo hacia su pecho. Mientras ella discutia le dió un beso. Sabía a enojo y confusión con una mezca de pasión y cariño. Al romper el sello de sus labios sus pechos se agitaban mientras los corazones luchaban por salir. ¿Por qué lo haces?-Pregunto ella. No tengo otro modo de decirlo.-contestó agachando la cabeza y levantando los hombros- Te vas y me habrás olvidado antes de que la manecilla de su primer vuelta. En sus ojos denotaba tristeza.- Es el único modo de que me recuerdes, robando un poco de tu alma. Las hojas caían. Mientras se miraban. El mundo giraba y ellos se desvanecian en el. ¿Y qué esperás?- ella preguntó, en su voz se oía enfado pero en sus ojos se leía lo contrario. Que me digas que me quieres. Que el tiempo se congele. Que pienses en mí cuando ya no esté.- queria decirle todo el desorden que se imponía en su cabeza- Olvida lo que dije. Sólo…quiero…que sepas que te amo. Las palabras flotaron en el bosque. Suspendidas. Ella tenía que partir, era muy tarde. Él lo sabía. Nada cambiaría. Levantando lentamente la cabeza, acercó su rostro al de ella y le dió otro beso. Podía notar la sal de las lágrimas. El primer beso es dulce, cuando te despides sabe a agua de mar. Lo siento- dijo ella entre lágrimas mientras se iba. Dió media vuelta y entre lagrimas le preguntó- ¿Por qué ahora? ¿Por que cuándo me voy me dices que me amas? Tomó su mano, tan suave, siempre la había querido. -Tenía miedo de perderte y lo logré. Te vas y me olvidarás. Así son las personas. Así es el mundo. Por extraño que suene, pensé que mi egoísmo podría hacer que te quedaras. Te quería ver sonreír. Te quería conmigo. Todavia recuerdo cuándo estábamos juntos. Cuándo tomábamos café y reíamos. No hay un día en el que me pregunte que salió mal. Cuando te perdí. Ella sin palabras se acercó. Le susurro al oído- Nunca lo dijiste, pensé que... Un ultimo beso, y cómo vino se fue. Fugaz. Se desvaneció en el espacio-tiempo. Y así se encontraba, sólo, en la estación de trenes. Esperando que con sus pensamientos ella pudiera regresar. Espernado que aquél recuerdo fuera real. Esperando que hubiera pasado. Aquella banca se sentía más fría. La sal regresaba a su boca y el frío del otoño desgarraba aquél cobarde corazón. Tenía miedo. Estuvo lejos de ella. Estaba sólo. Sólo quedaba una parte de ella en su mente. Tras su partida, una parte de su ser había muerto. Los trenes pasaban. Un último tren se detuvo frente a él, mientras rechinaba el vapor avisando la inminente partida, su corazón se desgarró lanzando un último grito de dolor. Una última vez respiró el nombre de su amada.   

Juramento


Bailemos juntos al compás de la noche, que dentro de esta máscara no debo sentir temor. Gira en círculo de tan líquido espejo, de tan grandioza belleza no podré ser su dueño. Tu, dueña de ese reflejo, te póngo de testigo. Oyente de mis penas y plegarias. Escucha bien mi grito puesto que poco es lo que pido. Que en noche de tu guarda encuentra la bella ternura. Vivo en su ausencia, de tan hermosa princesa. Haz que aquellos labios rojos callen la sangre de mi pecho. Haz que con el viento no sienta lo distante de su cuerpo. Disculpe si la ofendo con tan impunes pensamientos, mas mi único anhelo, es robar un poco de aquél aliento. Aliento que le da vida y así mismo la mía. Aquella mujer: Ladrona de mis pensamientos. Ladrona de mis sueños. Ladrona de mis sentimientos. Sea pués, ante la palidez de aquél rostro, recaiga mi juramento; de poseer, aunque sea por un pobre momento, un poco de su dulce aliento.  

Monstruos


Sólo me queda pintarlo gris. Lo que una vez brilló fue oscurecido con las nubes de tu rechazo; la negrura de tu desprecio. El rojo del dolor me cubre en blanco y amargo llanto. El mediocre consuelo que encuentro en la vaguedad de mis palabras incoherentes. Palabras de un corazón herido. Dicen que para escribir se tiene que estar dolido. Abandonado, diría yo. Solo. Quizá la locura que me consume se derrama en la negrura de la tinta. Divaga mientras flota sobre el papel. Libera los monstruos que se esconden en el armario de mi mente. Presente, pasado y un imaginativo futuro que se conjugan para formar y deformar mis pensamientos. Creando mis monstruos. Aquellos seres gigantes, peludos, con largas y afilladas garras y de blancos dientes. Se esconden bajo mi cama, dentro de mi, esperando a que tu dulce caricia logre sacarlos de ahí.  

Marinero


En la soledad de sus palabras se refugiaba mientras navegaba en aquél mar frío y silencioso. Mar de confusión y tristeza. Hizaba una vela rota de sueños e iluciones. La marea crecia con el correr de su llanto. Promesas rotas. Palabras que desgarraban la fatigada carne. Desiluciones y traiciones. Sangraba sin manchar. Sombrío y lento, sin tener lugar ni procedencia. Su luna había desaparecido, y el Sol, no volvería a brillar en su corazón. Remando en círculos, el espacio y la mente se unían en una tormenta confusa y pasiva. Lentamente. Frío. Solo. Ninguna nube a la deriva. El cielo se fundía con el mar en la negrura del tiempo. Esperando aquella luz del faro que lo proteja de las rocas. Esperanza. Sueños. Anhelando, con un fragmento del corazón. El único que quedó tras tu partida.  

Tinta


Entré a tu vida y salí. Simplemente un personaje en tu novela. Acabó la página. Diste la vuelta y así, me perdí entre las páginas. Desapareciendo de tu memoria. Olvidado. Solo tinta de tu memoria. Tinta que se pierde y despinta. Páginas que fueron de lo que nunca fue. Letras que el olvidó se apropió. Cambia las páginas que entran nuevos personajes. Personajes para besar. Personajes para reir. Personajes para cantar y jugar. Personajes para olvidar. Sigue. Es sólo tinta en la memoria.  

Ridículo y revuelto


No tengo nada que decir más que este montón de ridículas ideas. Sé que soy un idiota y la verdad, todos lo somos. Sé que tengo miedo, miedo de lastimarte, miedo de herirme. No puedo prometerte nunca dañarte pues contigo no soy consciente de mis actos, así tampoco no lo puedes prometer tu. No puedo prometer aquello que quizá no pueda cumplir. Es un riesgo a correr; un riesgo del que no me importan las consecuencias. Cada herida sana, aún si es necesario de tiempo. No me importa que crean que soy débil o vulnerable pues estar contigo me hace sentir invencible y seguro. Siempre es más fuerte aquél que reconoce sus debilidades, y sé que contigo, desaparecen. ¿Y el pasado? El mio no lo puedo olvidar, es quién me define, más prometo no voltear a ver el tuyo. Eres quién eres y así te acepto, no pretendo cambiarte ni mucho menos puesto que sé que sería una acción cobarde y estúpida. ¿Confianza? Creo que ya la deposité toda en ti. ¿El tiempo? No me importa si es un sueño o una ilusión, estar contigo me hace sonreír. Vivir el presente y disfrutar cada momento. “Siempre”. Mucho tiempo y no te puedo asegurar que nos separemos pero, por lo menos, si lo puedo prometer en mi mente y en mi corazón. Nunca desaparecerás de mi vida. 

Rojo Cebra


El cuchillo entró lentamente. Ya no sé porque lo hacía. Se había convertido en una costumbre.  Una costumbre que me causaba impotencia. No la podía detener. Cada corte me dolía y me hacía sangrar. Sangraba por dentro. Un dolor que no podía explicar. Por más que te lo pedía no querías. ¿Y si lo curo con besos? Déjame tratar que el dolor desaparezca. Déjame tratar de sanar esas heridas, más profundas de la piel. Háblame. Mírame. Siénteme. ¿Sientes cómo me cortas? ¿Cómo me duele? Pégame si es necesario. Grítame si así lo sientes. Desquítate conmigo pero no te lastimes. Eso me duele, me lastima. No lo hagas. Por favor.  Sólo cortaba. Una última vez entró. Una vez más salió. Así, el cardenal voló. Voló para nunca volver. Huyó. Se fue llevándose lo que más quería. Escapo, y de mi una gran parte se llevó. 

Ayer soñé...


Ayer soñé que te besaba, o besé lo que soñaba. La realidad se mezclaba con los sueños o acaso eran los sueños volviéndose realidad. ¿Quién podría decir que eso no había sucedido? Era una realidad feliz. Y pasa el tiempo y quisiera que no fuera así.  Que se hubiera detenido y nunca hubiera despertado o dormido.  Aquella sensación de paz, tranquilidad, afecto. Y soñé lo que soñé y pasó lo que pasó. El tiempo se va y de mi mente lo va robando. Lo va desgarrando y borrando. Qué ningún recuerdo quede. Pero es el deseo el que mata. Es el deseo el que nunca olvida.  El deseo que no olvida esos labios dulces, húmedos, rosas, suaves y tiernos. Ese cariño que exploto en la pasión de dos. Aquella ternura. Aquella suavidad. El deseo que pide que no se vaya. Retenerla en tus brazos. Retener ese tiempo, que se congele y no se escape. Aquella esperanza. Aquél sueño. Aquél beso. Aquel deseo. 

Besos sabor a chocolate


Lentamente, el espacio se fue acortando. Centímetros que se volvieron milímetros. El espacio entre los dos se volvió nulo. El palpitar de tu pecho sonaba con la fuerza de una manada de caballos. Tu respiración agitada y nerviosa. Una explosión en tus labios sabor a chocolate y avellanas. Segundos que se volvieron minutos, minutos que se volvieron horas. Girando el mundo. Alterando la realidad. Embriagando todo. Confundiendo todo. Explosiones de dulzura. Explosiones de amor. Dos cuerpos que se funden en uno. En la intensidad de la intimidad. La negrura de la noche, la negrura del chocolate y la dulzura de tus labios. Pasiones ocultas. Pasiones de noche. Que mueren con la luz del día.  Caricias y besos. Momentos que tan sólo quedarán en la memoria. En su memoria. Se debe olvidar. Un caballero no recuerda. Pero ¿Cómo olvidar aquello? ¿Por qué negar lo que es? Un afecto negado. Un afecto de noche. Un afecto de negrura. Al menos hasta que muera la dulzura de tus labios.

Cielo Azul


Simplemente estaba ahí, contemplando, aquella hermosura del cielo azul.  Aquellos colores, esa gama de azul. El movimiento.  El contraste de los colores. Admirando aquellas líneas. La curva de mi universo.  Aquél hermoso lienzo sobre el que se encontraba.  Obra de arte.  Lienzo de inmaculada belleza. Y lentamente los ojos dejaron de ver, se cerraron, viendo más allá de lo que se podía ver. Escuchando las voces del corazón. Gritos de esperanza e ilusión. Imaginación en las nubes. Imaginación en el mundo. Deseo y amor.  El hecho de anhelar y no poder alcanzar. Intangible, un deseo.  

Nublado


Y aquél hermoso rostro se nublaba por las lágrimas del dolor. Lagrimas de un vació pues aquél lugar en el pecho dónde una vez sintió afecto y cariño, no sentía más que el frío de aquellos recuerdos. Tan hermosa. Siempre tan hermosa.  

Amar es más allá de lo que los ojos pueden ver.   

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