Rosa Mexicano
Al vuelo de las palomas cruzaron la plaza. Las campanas sonaban mientras corrían agarrados de las manos. La típica plaza de pueblo con su iglesia de color chillón y su piso adoquinado. Una mujer con vestido colorido y rebozo pasaba a un costado de la fuente. Se escuchaba la risa de los niños mientras jugaban a la sombra del kiosco. Estaban juntos y era lo único que les importaba. La joven pareja sonreía ante la lluvia de arroz y gritos de júbilo. Ella, en su vestido blanco, posiblemente un vestido de varias generaciones transmitido como reliquia y joya familiar, con su ramo de múltiple colorido y él, con su traje negro, nervioso pero contento. Sonreían, al menos por el momento, eran felices; no tenían que preocuparse del futuro o del monstruo del hambre y la pobreza. Fácilmente podías transpolar la situación a cualquier otro pueblo mexicano e, incluso, en cualquier otra época. Un padre bendecía a la joven pareja mientras salían. Un catolicismo politeísta, los dioses indígenas cambiaron de imagen y nombre más no de función. Faltaba un sacrificio en medio de la congregación. Faltaba la sangre, pero los pollos no tardarían en sangrar. Una cultura criolla que no ha cambiado en su raíz con el paso de los siglos. Siguen los indígenas marginados y los europeos enriqueciéndose. Encomenderos disfrazados en el capitalismo. Una autocrática democracia para un pueblo ignorante y religioso. El rico vive y el pobre busca sobrevivir. Otra María y otro Pepe que se casa. Pronto Pepe tendrá que emigrar en busca de algún trabajo mediocre que pueda dar algunas monedas. Sus estudios pobres y pocos no darían para más de un oficio. Tendrá que ir a la ciudad o el arduo cruce del desierto para encontrar un amiente grosero y sin respeto para los que buscan el sueño americano. Cruzará un muro de llantos y sufrimientos para convertirse en esclavo de alguna plantación o fábrica. Triste para quienes no pueden comprar su destino.
Un mundo con una falsa competitividad empresarial. Un mundo donde la muerte escoge con un bolado a sus víctimas. Cuándo a veces es mejor tomar un tequila con el destino, quizá podamos engañarlo un rato. Vivimos la falsa revolución que cambió un dictador por otro. Un mundo que se esconde bajo el velo de modernidad con hábitos arcaicos y, en ocasiones, destructivos e inservibles. Mundo de ilusiones e imágenes. La publicidad dicta los sentimientos y gustos. Lo bueno y lo malo. Pueden hundir o idealizar a un hombre. En qué mundo se casaron María y Pepe. Los cohetes artificiales y el vitoreo sirve para no pensar en lo que se avecina. Ahora es momento de festejar; por ahora el amor lo puede todo. Esperemos que el amor no se acabe con el dinero. ¡Gaznates! ¡Muéganos! ¡Alegrías! Faltaba el viejo vendiendo sus dulces. Ahora sí, la imagen es digna de un cuadro. ¡Que llamen a Rivera o a Orozco! ¡Qué pinten otro mural! ¡Que en el trazo de su pincel quede gravado todo! ¡Que no se olviden las sonrisas y tristezas!
Sin negar nuestras raíces aceptamos lo que somos. Un país criollo y multicultural. Un país de cinco continentes. La piel se pinta de rojo, café, blanco y amarillo. Se burlan de sus raíces con un humor picaresco y dentro de su precaria situación no se pierde el humor. ¡Que viva el mexicano! ¡Qué viva su humor y sus raíces! No olvidemos quienes somos y de dónde venimos. Sonrían al ritmo del huapango y el zapateado. ¿Mole y arroz?-preguntan al servir.
Orgullosos son María y Pepe de su país. Con orgullo gritan su nombre. Cantan cielito lindo, el himno popular. Ríen y bailan. No pierden la fe. Fe que ciega algunos y ayuda a vivir a otros cuándo la tristeza derriba el alma. Siempre tendrán a quién culpar o quien pedir ayuda. Orear a oídos sordos. ¡Pasen otro tequila! ¡Den otro mezcal! ¡Tepache pa’ los niños! Que se sienta en la garganta el fuego de la tierra. Una mariposa, alma de mujer, danza al ritmo del viento y un huitzillin, alma del guerrero, cortejan la boda. Juntos festejan. ¡Dancen con el viento! Sean libres nobles creaturas; que del alma de los hombres son portadores. Canten con sus hermanos que del júbilo no hay quien repele. Celebren. Es momento de ser felices. Y con el mariachi se esconde Tonatiuh para dar paso a la bella coneja. Ix U les regala una hermosa velada al canto de la cigarra. Su velo de plata alumbra tan alegre verbena. Que se festeje hasta que el cuerpo aguante.
María y Pepe pronto tendrán una familia. Mínimo tres hijos. Escuela-dinero, comida-dinero, ropa- dinero, techo-dinero, sobrevivir-dinero. Poblemas que se deben solventar para sobrevivir. Irónico que a veces los que pocos tienen más deben mantener. Una vida de trabajo sin fin. Trabajar hasta morir. Pero a ellos que les importa. La noche es joven y que siga la parranda. Disfrutan las escusas que la vida les presenta para reír y divertir. Después será lunes, hoy se deben divertir.
Felices son de su familia y su tierra. La trabajan con orgullo y alegría. Toman de ella tan preciados frutos, únicos y excepcionales. Retrato vivo y multicolor. Alegría y pasión. Es lo que los distingue del resto del mundo. No pierden la esperanza. Su bandera bien los retrata. Gente con fuerza. Gente con raíces. Gente que lucha. Gente de paz. La tormenta no tardará en pasar y el Sol, volverá a brillar. Viva pues esta tierra del maguey. Que se vean las sonrisas. Que se escuchen los cantos alegres y que de las lágrimas de su gente sea el agua que alimente su verde. Que se sienta el corazón latir con su gente, pues así son los del ombligo de la luna.
Así pasan al vuelo mientras divago con la pluma en el cuaderno. Sentado en una banca de la plaza a las sombra de un árbol. Disfrutando del adoquín, de la fuente, del viento. Al fondo, el sonido de la marimba inunda el centro con su canto. Viendo la gente pasar mientras pienso la boda de María y Pepe. Pueblos. Historias, Tradición, Englobo mi mundo, mi México, garabateando la mente en el cuaderno. Así vuelan las palomas al júbilo de las campanas.
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