En la soledad de sus palabras se refugiaba mientras navegaba en aquél mar frío y silencioso. Mar de confusión y tristeza. Hizaba una vela rota de sueños e iluciones. La marea crecia con el correr de su llanto. Promesas rotas. Palabras que desgarraban la fatigada carne. Desiluciones y traiciones. Sangraba sin manchar. Sombrío y lento, sin tener lugar ni procedencia. Su luna había desaparecido, y el Sol, no volvería a brillar en su corazón. Remando en círculos, el espacio y la mente se unían en una tormenta confusa y pasiva. Lentamente. Frío. Solo. Ninguna nube a la deriva. El cielo se fundía con el mar en la negrura del tiempo. Esperando aquella luz del faro que lo proteja de las rocas. Esperanza. Sueños. Anhelando, con un fragmento del corazón. El único que quedó tras tu partida.
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