Ejemplos, ejemplos y más ejemplos de una codorniz empedernida


Vida... aquella agonía de comenzar un nuevo camino contando los pasos restantes para llegar al destino final deseando que la distancia fuera más corta para luego desear, a medida que la cuenta llega a cero, que la distancia fuera más larga y nunca finalizara. Luego… volver a empezar. O esa falta de simetría en los pies que avanzan sin preguntar a dónde o por qué. Es andar con la extraña sensación de que no se es más que una fracción de segundo en la inmensidad de lo que se llama espacio-tiempo. Es el autor frustrado por no poder acabar su novela. El pintor que traza mil veces la línea en busca de la sonrisa más honesta y perfecta.  Es el perro callejero al que le diste las orillas de tu emparedado y ahora te admira como su salvador. La compasión que sientes al ver en la televisión un elefante abandonado por su madre. El arrepentimiento del beso que no robaste. La tristeza de un niño que se le ha caído su dulce al piso y su madre le ha prohibido tajantemente volverlo a introducirlo en su boca. La culpa de no haber hecho las planas que la maestra dejó y el miedo de que le digan a tus padres. O quizá el berrinche de una niña por que quiere su muñeca.
     Una gama de colores que desciende a grises con el dolor de un corazón roto y remendado con helado. La sorpresa de un bebé al ver la burbuja reventarse en la punta de su nariz. Todo aquello que recuerdas con la mínima trascendencia que es enorme en tu día-día. Sentir el afecto de un antiguo amigo separado por el capricho humano. El tiempo que corre mientras tratas de alcanzar las manecillas. Detenerlas, y darte cuenta que el tiempo continuó sin ellas. Serás el anciano que remilga de la juventud añorando la suya y también el beso que le des a tu nieta tras un golpe en una esquina. La alegría de los momentos que no se volverán a repetir con la nostalgia de los recuerdos. Será el minuto de silencio en el que guardamos en la memoria a los que ya no están, mezclado con una esperanza de volver a verlos algún día. La vida sabe al calor de un chile seguido por el frío del agua y esos gemidos mientras mantienes la lengua de fuera. El sudor del trabajo y el orgullo que lleva conseguir las metas. La amargura de la derrota y la dulzura del abrazo. Sentirás la frustración de querer atarte las agujetas y no poder para después tirarle de la manga a tu mamá y pedirle que lo haga. Será la canción de cuna que te arrullará liberándote del miedo a la obscuridad. Será el beso seguido de caricias. El despojo salvaje de esa falsa piel que llamamos ropa. Piel que se une con la imaginación para comenzar el juego del deseo. La ansiedad de saber que se esconde. La intriga de la sorpresa en el regalo. O será simplemente la señora que se sienta a tu lado en el parque y te dice cuál es la mejor forma de seleccionar la fruta del mercado. Situaciones que engloban la locura incomprensible del hombre. Llorar y Reír. Amar y Odiar. Alegría y Enojo. Soñar y Gritar. Todo esto para luego cerrar los ojos y volver a empezar. 

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