Instrucciones para amar

Si necesita leer esto, no está enamorado. No lo force se da natural y se dará cuenta. No se puede vivir sin su contraparte. No hay instrucciones.

Nota:
Puede ser que esté enamorado si nota los siguientes síntomas:
-Si piensa más de cinco veces al día en esa persona.
-Empieza a tener sueños en los que aparece,
-Tiene un fuerte anhelo por besar sus labios.
-Puede sentir algo de celos (no abuse).
-Busca cualquier excusa para seguir hablando, verlo/a o estar con.
-Las canciones románticas empiezan a tener sentido.

Algo así como que le hace falta.
No necesariamente se está enamorado puede ser un mero capricho.

Espejo

Eran las nueve y media de la noche y estaba oscuro, sin luna ni estrellas; una noche fría de diciembre. Normal, si se podía decir, a excepción de que no había nevado todavía. Estaba cansada. La clase había sido pesada y se encontraba adolorida. En el jarrón debían estar las llaves de su apartamento. Busco a tientas cuando notó algo extraño. Estaba un poco asustada, no puede negar que por un momento creyó que alguien había tomado sus llaves. Prendió la luz del pasillo para observar dos girasoles amarrados con un hilo rojo, a un costado había un sobre amarillo y lo tomó. Al frente tenía tatuado en tinta negra las siguientes palabras:
“Pasa. Siéntate. Si tienes vino sirve una copa.  Ábreme y leeme con cautela.”
Abrí la puerta. Aventé mi bolso al sillón. Tome los girasoles y el sobre. Puse un poco de agua en un jarrón de cristal azul y coloqué los girasoles en la mesa de la sala. Quizá debía irme a dormir y leer eso en la mañana. Pero, algo dentro de mí esperaba que el sobre fuera de él. Llevaba todo el día esperando que hablara. Es curioso como me gustaba. Supuse el vino podía ser buena idea. Serví una copa, me senté y le dí la vuelta al sobre. Gire el hilo rojo de sus ejes y lo abrí con el cuidado con el que tomas una copa de fino cristal. Dentro había una carta doblada a la mitad. En su portada decía:
“No debes llorar. No debes odiarme. Intenta comprender. Lee con cuidado e intenta no juzgarme.”
No podía negar que me sentía extrañada, habían sido demasiadas instrucciones y mi mente empezaba a crear más de mil conjeturas e ideas. Desdoble la carta y pude observar aquella manuscrita apretada, color negro y alargada, pensando que quizá ya sabía la respuesta a todo este rollo. Suena rara la descripción pero así escribía. No era de quién pensaba pero sabía el origen de esta carta. Deje la copa de vino en la mesa. Se me habían pasado las ganas. Quería leer lo que decía pero en cierto modo ya sabía que era y perdía algo de interés.
Gracias por abrirla. Trataré de escribir esta carta en el modo convencional.
Querída Vanesa;
En los últimos meses mi vida ha pasado por una montaña rusa cuyo eje ha sido tu persona. Más de mil veces pedí disculpas de mis tonterías y más de mil veces traté de empezar de cero, hoy comprendo que mi error es querer empezar lo que nunca tuvo un inicio conciso siendo su comienzo un final. Me he encontrado enojado más de una vez hinchado por celos y amargura generados por mis propias frustraciones y miedos. Soy un
hombre de sentimientos y eso me prohibe, en ocasiones, seguir un juicio lógico y razonable. Sé que para tí, esto, será, y debe ser, un simple aglomerado de palabras revoltosas que no deben afectar tu estado en lo más mínimo.  Quiero que comprendas que estas palabras no son un juicio sino una instrucción, una más en mi lista. A estas alturas debes estar más que consciente del camino que guiará la estructura de este tan lamentable texto, lleno de cobardía, sentimientos y palabrería lastimera y quizá sin sentido, no negaré que quizá contenga algo de teatralidad y dramatismo; es por eso, que si deseas dejar de leer, éste es el momento oportuno para dejar de hacerlo. Rompe la carta, quémala, tírala, házla rollito, dásela a quien quieras, supongo ya da igual.
Estuve tentada sin embargo tenía que saber que pensaba de mi. Tapé el vino. Me tomé de un trago la copa y puse la botella en el refrigerador. Tomé la carta y me senté en la mesa del comedor.
Empecé irritado y pensando decir lo mucho que te odiaba y detestaba por haberme hecho un trapo de individuo. Quería gritarte y hacerte llorar. Perdí mi orgullo y mi valor. Algunos monstruos que me tardé en enterrar en mi subconsciente emergieron más violentos y agresivos. Más de una ocasión la violencia abrazó a mi persona y me hizo querer golpear o pelear con alguien. Pero a medida que tomaba el coraje para agarrar pluma y papel y traté de escribir esto, me dí cuenta que no te odio. Decir te amo me da miedo y me traba la lengua. Genera incertidumbre y preguntas peligrosas y más de mil veces me conformé con decirte te quiero y sonreír esperando una respuesta similar. Supongo que lo que en verdad quiero decir es que me enamoré de ti y no quiero aceptar el hecho. Da pavor, ¿sabes?. Es terrorífico enamorarse porque se entrega todo sin saber que se recibe y no es que se pida nada a cambio quizá una aceptación y un sentimiento recíproco, pero es como disparar a los patos que vuelan sobre tu cabeza, quizá te mates o quizá y mates a alguien o se vaya y pase como si nada. Es un tiro ciego y muy peligroso. Es por eso que admitir un hecho de tal magnitud nos asusta y nos hace reaccionar con cobardía. No voy a negar que intenté más de una vez convencerte de que me quisieras pero esas cosas no suceden por convencimiento. Quería que no pasara un sólo día sin decirte te quiero. Más de una vez fui con la esperanza de enamorarte un poco y contagiarte de lo que sentía. Era tonto, simplemente sucede y yo sabía que tú ya habías decidido lo que sentías. No niego tu claridad en este hecho. Es curioso, ¿no? siempre tenemos que aferrarnos a una pequeña idea esperanzadora que nos saque a flote en las peores circunstancias. Tomamos ese poco para conformarnos. No niego que estar contigo es maravilloso al menos el momento previo a que peliemos o llegue otra persona. Me gustaría poder regresar el tiempo. El tiempo, eso que yo conozco como tiempo, se mide con tu ausencia.
¿Has notado cómo nos comportamos cuando hay alguien más a diferencia de cuando estamos solos? Me harté de ser el recuerdo constante y lastimero. Sucumbí ante el tormento de tantos te quieros que murieron ahogados en el silencio. Me resigné a ser el que le hablas y besas cuando te enojas con otro, en tus arrebatos de celos o en tus tristezas. Me cansé de rogarte y de no saber como amarte, de las tormentas en mi mente y de los remolinos de insomnio en los que me ahogo cada noche con las sábanas. Eres ese amor confuso y hasta cierto punto destructivo que no puedo dejar ir.
Tengo mil preguntas que hacerte pues siento una inmensa curiosidad pero ahora comprendo que eso ya no importa. Sabes, en cierto modo quizá te vea luego y te salude, o siga como si no te hubiera entregado esto. Quizá me moleste un poco el hecho de que a ti te cuesta menos (o nulo) trabajo pasar un día en mi ausencia y sin saber nada de mí pero supongo que en parte esto es por lo que te escribo. Esta vez no pienso decir que no quiero saber de tí, que me alejo y que me voy, entiendo que el único modo es seguir hasta que te empiece a olvidar y, no me malinterpretes, será un proceso largo y doloroso. Me niego a llorar y hacer dramas o berrinches, creo, en eso ya tocamos fondo. Si bien lo que te quiero decir es que cuentas conmigo y espero que puedas encontrar a esa persona que te haga sentir especial o al menos lo que yo no pude. Voy a extrañar esa mirada, el modo en el que hacías tu pelo de lado y me besabas acariciando mi espalda y me dijeras al oído- “Ahora no se habla, se susurra. Se ama.” Extrañaré esos labios pálidos, pequeños y tiernos y tus ojos cafés pero supongo que eventualmente te olvidaré con cariño. Eventualmente te convertirás en ese bello recuerdo al que le sonreiré con gusto. Aprendamos a reír con lágrimas y llorar con sonrisas. Somos una especie que evolucionó para adaptarse y curarse. No es un adiós es un nos vemos; escrito de manera cobarde y sin sentido pero, alguien me dijo que cuando de amor se trata se escribe sin saber lo que se quiere decir y se acaba sin saber lo que se dijo. Descansa pués; sé que ya es tarde y vienes cansada.
Siempre te querré,
No es necesario, mi nombre, ya lo sabes.

Doblé la carta como estaba y la regresé a su sobre. Me paré y fui al espejo del nicho al lado izquierdo de la puerta. Prendí su pequeño foco de luz amarilla. Era curioso. Sin rostro triste ni una lágrima y no sabía por qué. Abrí el cajón y guarde el sobre con la carta. Te había perdido y por el momento ni siquiera lo sentía. Cerré la puerta y apagué las luces. Me fui a mi cuarto y llené la bañera. Tomé el teléfono y decidí mandar un mensaje. “Hola…” Los mejores te dan buenos recuerdos. Esperaría a ver si el motivo de mis sonrisas me contestaba y platicarle de la carta, aunque quizá ya se hubiera dormido pero... decía en línea. Los días pueden tener más sentido cuando tienes con quién compartir le quitan el sabor soso de la monotonía. Moría por saber con quien hablabas y si pensabas en mi. Tendría que conformarme con extrañarte.

La contra-cara del espejo

Otro día sin dormir. El cansancio e insomnio no van de la mano. Otro día largo y tormentoso.  Otro día de levantarse temprano, ir al trabajo y pensar en ti. Quiero verte. Me tomó algo de tiempo pero al fin te pude convencer de ir por un helado. Te vi, sentada, esperándome. Hablábamos de vanalidades pero me sentía alegre. Hay días en los que te odio pero nunca uno en el que te quiera menos. Te vi a los ojos. Sé fue la chispa y ya no hay nada. Estaba muerta desde hace tanto. Nos despedimos pero ya no había esa nota de cariño. Si se pierde el amor, quizá nunca se amó.


Te odio. Me cagas. Daba vueltas por su departamento. Enojado. Quería patear todo. Aventarlo. Romperlo. Una y otra vez. ¿Quién es? ¿Qué hice mal? Espero que te quieran. Ojalá y no te pase un día lo que me pasa a mi.  Espero no te usen. Espero no te lo estén haciendo. ¿Puedes describir como te besan, si lo hacen con cariño o con pura lujuria? ¿Acaso puedes saber tú cómo besas? Una copa de whisky en la mano y quería ponerse más bruto. El escritorio con la pluma y el papel rayado y arrugado. La computadora encendida sin saber que escribir y la entrega es mañana. Apenas son las siete. El teléfono en la mesa y sabe que si le manda un mensaje no contestará. Esta en clase y es lo que más disfruta. Queda claro que nunca fue él su mayor pasión, pues, cuando algo es lo que más quieres dejas otras cosas por eso. Además quizá lo vea y decida contestar dos horas después. La odio. Me gustaría decirle pero nunca habla lo que siente, dice cosas sin importancia y huye cuando quieres hablar de manera seria. Cambiará de tema y dirá alguna pregunta sin sentido. Es increíble como el pretexto de no querer arruinar una amistad la caga más duro. Fuiste una perra y lo sabes. Quiero gritarte. Quiero besarte.


Medio líquido ido en la botella y los hielos siguen fluyendo. Clink Clink rebotan en las paredes del cristal que los aprisionan. Tragos largos y sin sabor. Pateaba su mochila. Le iba mal y parte de eso era culpa de ella. Había abandonado tantas cosas para tratar de convencerla y sus descuidos le estaban costando. En el periódico no escribía como solía hacerlo. Eran columnas con ira y subjetivas. El editor se estaba enojando y no tardarían en mandarle un ultimatum. Tomó las llaves, celular, cartera y azotó la puerta. Bajo las escaleras del tercer piso en chinga haciendo todo el ruido posible. Tenía que escapar del departamento sentía que lo estaba aprisionando en su mente. Peligroso. Escucho el bebé del primer piso empezar a llorar y la mamá gritar- ¡Hijo de puta ya lo volvió a despertar! Odio los bebés, son tan ruidosos pero quiero una hija. Irónico. Salí a la calle y decidí ir a su edificio a esperarla. Estaba borracho y lo sabía. Peda de buró, lamentable. Desgarbado y con un sweater, la camisa sucia, ojeras y el pelo hecho un desastre, auténtica pinta de loco. Era buena idea pasar por el parque quizá lo calmara un poco. Se sentía un poco mareado. Así que se sentó un rato. Se llevó las manos al rostro y se talló los ojos con frustración. No sabía que hacer. Ni siquiera sabía que quería. Tomo aire. El aire le sabía a whisky. Se paró y continuó su camino. Tenía una nueva idea. No sabía por qué pero creía que sería buena idea. A veces… a veces se necesita un poco de magia.


Pasó a la florería y compró dos girasoles, no quería moños ni nada ostentoso.
-Sujételos con un hilo rojo, por favor. Si, con celofán. Tenga. Gracias.
La gente siempre regala rosas. Me gustan los girasoles, siguen al Sol porque lo necesitan. Le roban su color. Seguía borracho y sus acciones eran por inercia, o eso se decía.
Pasó a la papelería. Vio su reloj ya eran diez para las ocho.
-Me puede dar un sobre. Sí, de esos amarillos que se amarran, un block y una pluma, por favor. Cualquier color está bien.
Fue al parque de regreso. Estaba corriendo y no sabía por qué pero quería ganarle al tiempo. Se sentó en una de las mesitas de ajedrez. Quitó las ramas secas de los cerezos. Hacía frío y se lamentaba por no traer gorro y guantes. Tomó la pluma y empezó a escribir. Las palabras fluían y no sabía si hablaba él o el alcohol. Guardó todo y se lanzó en una carrera al edificio de Vanesa. Toco todos los timbres esperando que le abrieran. Triiitttt el típico sonido de una puerta eléctrica. Subió los escalones de dos en dos hasta llegar al quinto piso. Gemía y le faltaba aire. Se tomó un tiempo para recuperar. El alcohol ya no le nublaba el juicio, o eso sentía. Pensaba en sus acciones y buscaba el coraje para hacerlo. Ya estaba hecho. Puso los girasoles en el jarrón. Ahí dejaba sus llaves por miedo a perderlas, sabía que de esa manera vería lo que le dejó. Acomodó el sobre recargándolo en el jarrón con cuidado de que no se fuera a caer. Ya eran las nueve y cuarto y no tardarías en llegar. Un último vistazo. No era momento de dar un paso atrás. Bajó las escaleras corriendo y se sentó en la banca del café de enfrente.
Nueve treinta y cinco. Te vi llegar con tu playera color vino y tus pants negros. Siempre te había encontrado bella no importara lo que trajeras puesto. Presionaste todos los timbres y entraste. Esperé un momento y te vi prender la luz. Fuiste a la cocina y sonreí. Estaba hecho. Dejé un billete de veinte por haber usado la mesa sin consumir. Me paré y me fui a buscar el bar más cercano. Apagué mi celular, sabía que a mi no me llamarías. Al que querías era a otro. Ése alguien te alegrará la vida, ya lo verás. Iría a algún bar, al fin y al cabo era martes. Buscaría algún remedio para ahogar mi amor en alcohol y tratar de olvidarte. Soñaré contigo, si es que puedo dormir. Te sigo queriendo.

Instrucciones para ponerse nostálgico

1. Escoja un sueño, deseo, recuerdo, lugar o persona. Si es una persona que se le quiere el efecto será más fuerte. También es posible con momentos del pasado que catalogaría como aquellos Grandes Momentos, o los que irían junto con la frase: te acuerdas… (aunque tambien pueden ser momentos tristes: que hubiera pasado si…)
2. Escoja una música que provoque esa sensación extraña que se produce en la piel y la boca del estomago e incluso en algunos casos, llena de placer el pecho. La música tiene que llevar un “maridaje” con el recuerdo o anhelo en el que se piensa es decir, si la música sucedia en el momento a recordar, el efecto será mucho mejor. De preferencia las canciones tranquilas ayudan a un recuerdo más favorable. Como un buen tinto y un filete.
3. Recuéstese o póngase cómodo de preferencia en una cama pero funciona también un sillón reclinable o el piso (la regadera para un poco más de dramatismo o con una ventana lluviosa.)Si se puede escoger un paisaje dramático como las piedras donde rompen las olas, un campo de hierba cubierto bajo el manto de las estrellas y bañado por una luna de plata o incluso bajo la sombra de un gran roble a los pies de un laguillo con patos y unas cuantas flores. La estación no es de importancia a menos que presente una preferencia hacia alguna de estas.
4. Se puede beber un trago de una de sus bebidas preferidas, no se ponga muy borracho por que puede llegar a las lágrimas, “netear” o  hacer alguna especie de espectáculo ridículo. Recuerde que si es nostalgia de algún amor pasado es probable que la ebriedad le haga marcarle y decir tarugadas.
5. De preferencia esté solo y cuando su estado anímico no sea el más alegre. Es probable que se sienta algo frustrado, enojado, triste, solo o desolado. Es válido llorar pero sin llegar al berrinche. (Tranquilícese es pasajero).
Aunque no necesariamente se debe encontrar en este estado la nostalgia colectiva (con los amigos) puede ser reconfortante en momentos grises.
6. Cierre los ojos un momento y traspólese a ese sitio. Entréguese completamente a la memoria. Vuelva a oler los aromas, sienta una vez más el viento. Recuerde los rostros y lugares. Hagase la imagen de que está ahí.


IMPORTANTE: No olvide estar sólo un momento. Permanecer en el pasado por largos periodos puede llevar al usuario a sentir que el presente está truncado y una sensación de hastío; eliminando un futuro brillante y con esperanza. Entre más alegre sea el recuerdo en comparación a su situación actual el efecto puede ser más violento.

POSIBLES EFECTOS SECUNDARIOS: pérdida de la cordura (famosos olvidados: cantantes, actores, etc), depresión, tristeza, pensamientos suicidas, verborrea, una percepción alterada de la realidad, entre otros. Si estos síntomas duran más de unas cuantas horas o generan un peligro para su persona o la de alguien más busque a un especialista.

Un reloj de buró


La cama se agitaba en un trémulo remolino. Las horas avanzaban sin poder conseguir el sueño. Se había obligado a no llorar. Repetía una y otra vez el mismo patrón de sentimientos: enojo, tristeza, frustración, desolación, desesperación… sentía que se ahogaba en la soledad de las sábanas, sudaba pero tenía frío. La ausencia de tu cálido cuerpo lo enfermaba. Una estaca atravesando su cuerpo dolido lo mataba. Para ti sería fácil, sólo debías ir al bar más cercano y sentarte un momento; algún transeúnte de domingo te invitará dos o tres tragos y te hará una plática mediocre. Después de un rato te invitará a salir de ahí y podrás pasar la noche en alguna cama. Sólo esperaba que al salir el Sol la diversión hubiera valido y encontrarás calor en las sábanas ajenas. Anhelaba que la soledad de tu corazón no fuera mayor al tacto de un extraño. Deseaba que aquellas caricias te hicieran sentir feliz y olvidarás tus tristezas, si es que encuentras alguna. Es fácil huir del amor, mientras no te haya intoxicado completamente, o de lo contrario perderás la cordura en  un arrebato irracional de celos y odio. Una de la mañana...Dos de la mañana...y las luces verdes, pálidas y constantes del buró. ¿Por qué te fuiste sin pelear, sin luchar? Tu indiferencia le dolía más. Las sonrisas vacías que saturaban sus recuerdos.¿Cuántas veces dijiste te amo sin sentirlo? ¡No vuelvas a decirme el mismo te quiero que le dices a cualquiera que te planta un beso! No me mientas. Ya soy un nombre más que tachar en tu lista. Tres de la mañana...Cuatro...Cinco…¡Ti! ¡ti! ¡ti! ¡ti! Momento del trabajo. ¡ti! ¡Ti! ¡TI! El ruido lograba apagar un poco los pensamientos. Abrir la llave y meterse con el agua fría. Se siente como agujas al principio pero no tiene ánimos de nada.Se viste sin importarle su apariencia, es un requisito social aunque no tenga ganas de ver a nadie. Tomarse un vaso de leche. Tomar las llaves con tu estúpido llavero. Prender el auto. Manejar en el tráfico sabiendo que llegará tarde. No le importa, le caga sau trabajo mediocre. Se sienta en la oficina y escucha como le gritan. Siente los ojos de sus compañeros que disimulan sus miradas curiosas. El jefe señala su reloj con ira, para él el movimiento y el sonido son algo sin importancia, puede ver la vena en su cuello rojo. Sus gestos llenos de enojo, creo que lo amenazó con despedirlo. Tiene una mancha en la camisa blanca, para ser más exactos tiene la misma mancha del café del viernes. Volvió a dormir en el auto. AL menos el jefe también es miserable con su esposa. Sonrie...

Delirio

Giraba y reía. Deslumbraba a su alrededor con tan bella figura. Su falda azul danzaba con aquellos pies ligeros contrastando con el rojo de su blusa. Mistico momento del que sus ojos eran robados vilmente pues aquellos labios suaves y pequeños eran el anhelo prohibido que capturaba sus pensamientos. Un recuerdo que hería al observar la alegría con la que danzaba. Su cuerpo se agitaba y no podía negar que la quería. Libre del mundo, única y hermosa. Aquella fragilidad dulce. Un corazón palpitaba alegremente mientras el otro moría de dolor. Aquellas garras lo rasgaban por dentro provocando un gélido sentimiento paralizando cada hebra de su triste cuerpo en una pérdida obsesión. El deseo imposible de volver a tenerla en sus brazos. Abrazarla y acurrucarla cuando la noche, el frío y el cansancio la hacen sentirse sola. Quería consentirla y amarla más ella bailaba sin preocupación alguna, ajena al escenario que en su mente transcurría, sin notar que aquél al que una vez quiso no era más que un recuerdo molesto e insistente. Pensamiento turbios que abrazados al alcohol corrompen la mente débil y cansada, perece ante una ira cegada por los celos y una soledad evidente pero… amba verla sonreír y ser feliz. Aquellos ojos cafés que brillan con júbilo. Aquél dilema de amarla u odiarla de decir o callar. Detesta quererla. Odia la nostálgica obsesión de querer besar aquellos labios rojos una vez más al dulce sonido de un te quiero. Sentir su caricia su afecto. Aquél rojo que lo saca de quicio, lo enloquece y lo enamora. ¡Baila! que en aquel delirio tu cuerpo detiene el movimiento ajeno a tan bella percepción. Pues el solo mirar aquellos ojos cafés bien valen la noche en tu eterna agonía.

Naranja

El viento soplaba, se había vuelto frío, las ojas comenzaban a tomar los tintes de Octubre y empezaban a caer. El columpio colgaba de la rama, estático, ya nadie lo usaba. Así pasaba los días mirando por su ventana, extrañado regresar aquél verano. En su mente se sobreponían las imágenes de aquél paisaje con el de aquella tarde en la que se recostaron en el pasto tras jugar en el columpio, mirando al cielo y besandose. Jugaban y reían. Extrañaba cargarla y abrazarla. Anhelaba robarle un momento a tus labios suaves y sedosos. Cerezas que llenaban con cariño la soledad de su boca. Caricias tiernas y cálidas. Aquella escena era un perfecto cliché de cualquier película de romance pero, no podía negar que al menos fue feliz. Extrañaba su compañía y se enojaba consigo mismo por haber creído que aquello podía durar.  La peor tortura era preguntarse si al menos por un momento cruzaba por tu mente o si sólo se había convertido en un vago recuerdo de promesas incumplidas. Odiaba creer que lo habías olvidado y que tu vida podía seguir su rumbo como si se hubiera cerrado un libro. Un amor de verano que tenía que concluir pero la tortura de extrañar lo pasado es la creación de la nostalgia. Una nostalgia que lo inmovilizaba esperando que se regresara el calendario. Pronto todo sería naranja. Una vez más miraba la ventana con aquellas imágenes pasadas, mientras le daba un trago a su vaso con whiskey,  y no le quedaba más que enojarse pues......en el fondo sabía que aquello se había ido con la llegada del otoño.

Beso

Se levantó y fue hasta la orilla. El mar estaba calmo y la luna se reflejaba en la basta negrura. Unas cuantas olas difuminaban la imagen de aquél pálido rostro marcado por el conejo. Tomó la soga del suelo, estaba áspera y la arena jugueteaba entre sus dedos. La llevó al hombro y jaló la balsa hasta el agua. Sentía el frío del mar hasta las rodillas. Por el momento, no había corriente. El silencio se armonizaba con los espasmos de aquellas pequeñas olas joviales que brincaban en la costa. Tomando la soga fue a la orilla atando la balsa a una roca. Giró el rostro. Lucía hermosa, su tez brillaba bajo el velo de plata. Sigilosamente se acercó y se hincó a un costado. Rozó la mejilla con el torso de su mano llevando el dedo hacia aquellos labios de cereza. Acercó el rostro y la besó. Sintió la sonrisa y la correspondencia de la dulzura de sus labios tiernos y afrutados. – Bésame como si…. y la calló con otro beso mientras la tomaba de su pelo. Se entregaron alineando sus caderas. Acariciándose y amándose. Se sonrieron y se miraron a los ojos tomándose de las manos. Una pequeña brisa agito su pelo. Era tiempo, se paró y liberó la balsa y cualquier atadura que hubiera con este mundo y antes de que ella se pudiera dar cuenta la levantó entre sus brazos. Avanzaron  salpicándose al chapotear con las olas. Tomó los remos y se encaminaron al centro del mundo. Estaban juntos. El viento empezó a soplar con más fuerza llevando su amor al horizonte. –Bésame… entregándose al viento, como uno.

Púrpura

Llegue y no me atreví a entrar. Una persona salió y amablemente me esperaba con la puerta abierta. No quería saber. Era una carta que no quería conocer. Saber el resultado podría definir su estado anímico y eso le molestaba. Pero, no tenía más opción. La puerta estaba abierta y tenía que entrar. Cruzó lentamente aquel marco. Con una mirada fugaz escaneo cada rostro esperando que estuvieras ahí. No me queda más remedio que bajar la cabeza y dirigirme al mostrador. Lo volviste a hacer. Te caché. Te sacudiste el polvo y te fuiste. La muchacha de siempre me sonreía y me preguntaba que quería tomar. Una sonrisa sincera pero indiferente. Que curioso es la atención al cliente, sabes que lo hacen porque deben; incluso te sonríen cuándo les pelas los ojos y les gruñes o eres grosero.- Hola, me puedes dar un Mocca con más chocolate que café porfa. La mejor sonrisa es cuando les pagas, al menos con esa saben que no les darás problemas y que esperarás pacientemente tu bebida. Miradas discretas a la puerta. Nada. Escucho mi nombre y sé que está lista mi bebida. La tomó y me voy a una esquina del café. Un lugar aislado con vista a la entrada.  Aún dentro de mí espero que simplemente se te haya hecho tarde. Un suspiro. ¡Ah, me quemé la boca!No sé si me molesta el hecho de haberme quemado o que no llegues. Decido sacar la computadora y ponerme a trabajar.

Veinte minutos mirando la pantalla. La hoja estaba en blanco, cómo tus promesas. Quizá por eso no sabía que escribir. La entrega era en menos de veinticuatro horas y yo seguía con la mente en blanco. Enojado. Frustrado. Estábamos desapareciendo de las vidas del otro. Amigos. Nada mejor que decir esa palabra con una sonrisa hipócrita. ¡Cuántas sonrisas! Te quería… siempre lo hice. A cualquier otra amistad le hubiera marcado a preguntar  por su retraso pero, a ti, ¡nunca! Soy demasiado orgulloso. Será mejor apagar la computadora e ir por inspiración purpurea. Quizá pueda disipar mi enojo, mis frustraciones.


Tocaste la puerta. Podía pretender que no me encontraba en casa. Sería muy fácil las luces estaban apagadas pero llorabas al otro lado. Por muy enojado que estuviera no podía pretender que no estabas mal. Me enojaba el hecho de que me buscaras sólo cuándo estabas más vulnerable, pero, en el fondo, sabía que sólo era porque me querías; o eso me decía para consolarme.

Te abrí la puerta para poder atraparte mientras llorabas de manera desconsolada. Volvías a ser un trapo roto. Te habían usado una vez más. Te conocía muy bien para necesitar tus palabras. Te recosté en el sillón de la sala y fui por mi plan original: una botella. Una botella que tiña nuestros labios de color púrpura; y juntos olvidemos nuestras tristezas. Fácilmente olvidamos cuando estamos juntos y abrazados. Nos perdonamos y volvemos a reír. Las palabras fluyen y no me importa pensar en ti. Soy feliz al poder abrazarte. Pasanlas horas y te notas más calma. No te quieres ir. Me levanto y traigo una cobija te acurrucas y prendemos la tele. Esa película siempre nos gustó. Soñábamos con su historia. Queríamos ser ellos dos, sin problemas, sin barreras pero sabíamos que no sería así. Por el momento estábamos juntos y eso era lo que importaba; la noche nos protegía y de púrpura nos dormimos.

Foto

Y con el último "click" quedó grabado. Se detuvo un instante; un acción; un sentimiento. Aquella imagen que se destierra del tiempo, congelándose en el abismo de la memoria. Capturada por la luz y destinada a huir de ésta. Oculta hasta ser llamada. Invocada por su captor reuniendo todo el valor necesario; pues lo peligroso no es verla sino los sentimientos que sus recuerdos desbocan. Requiere valor, valor para no sucumbir ante la nostalgia y quedar atrapado en ese instante; ese pasado. Pasado que evoca lágrimas y sonrisas. Nostalgia que ciega el presente y anhela retornar lo finito. Recuerdos presos que añoran su libertad. Desean volver a la luz para partir con ella quedando libre de tan pesada carga; recordar.

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