Ojos cerrados


Y yo que me preocupaba por perderte, nunca me di cuenta que nunca te tuve. Nunca pude ver que ya te habías ido. Una vez más olvidé el momento. Cerré los ojos mucho tiempo, soñando un futuro inexistente. Un futuro que se construye en el presente. Un presente olvidado y abandonado.  Ahora simplemente me pregunto cómo olvidarte. ¿Cómo hacer algo que no sé? ¿Cómo hacer algo que nunca aprendí?  Juro querer olvidarte, sin embargo sigues presente. Tu nombre. Tu rostro. Perdí lo que nunca tuve. Soñé lo que siempre quise y nunca viví lo que pude. Ahora sin futuro, sueño poder cambiar el pasado, pero la puerta se ha cerrado.  Vuelve, un grito que no logró salir de mi garganta. La sequía de tus besos y el ardor de la falta de tus caricias. Desesperado y solo. Todo por no ver lo que estaba enfrente; por pensar lo que nunca fue. Te alejaste en silencio y no me di cuenta. Sin decir adiós. Solo. El silencio de mis pensamientos me aterra. ¿Dónde quedaste? ¿A dónde te fuiste? Hoy, solo puedo aprender a olvidarte. Ahora que te vas, es tiempo de olvidar. Tiempo de sanar.  Abrir los ojos.

Un cajón para jugar


Simplemente lo volviste a hacer. Abriste el cajón. Sacaste otro corazón y te pusiste a jugar con él. Lo estrellaste, aplastaste estiraste y rompiste. Ahora recojo tus deshechos y los tiro a la basura. Lo tomaste. Decidiste jugar un rato con sus labios. Tentarlo. Acariciarlo. Le hiciste creer que lo querías. Pobre ingenuo, sí sólo era otro corazón más del cajón. Tienes otro bonche para jugar con. Tú los rompes y yo limpio. Así funciona.  Juega otro rato diviértete hasta que te aburras. Al fin que siempre encontrarás tu cajón lleno.  Ve. Juega y diviértete. Rompe los corazones. Se feliz. Toca. Siente. Vive. Besa. Yo me encargaré de cuidarte.

Piensa


Cada vez que intento hacer una cosa bien parece como si lastimara o decepcionara a alguien. ¿Por qué no puedes estar orgulloso de mí? ¿Por qué no me puedes amar? ¿Por qué no me tomas como soy? ¿Por qué me quieres cambiar? No es de esperarse que la realidad parezca más bien una pesadilla. Razón por la cual prefiero recurrir a mi mente, a mis sueños, a mis fantasías e ilusiones. Al menos en mi cabeza puedo hacer lo que quiero. Lo que sueño. Simplemente tengo que desearlo. Imaginarlo. Pensarlo. Lo logro sin la menor dificultad; aquí en la tierra hay muchas leyes. Leyes de la física. Leyes de los números. Leyes morales. Leyes civiles. Leyes judiciales. Siempre diciéndote lo que se puede y lo que no. Estableciendo tu comportamiento. Tus movimientos. Tus ideas y pensamientos. Limitando la libertad y la creatividad. Creando la imposibilidad donde quizá todo es posible. En la mente no existen esas leyes. Podemos volar. Podemos correr sin agotar. Cantar. Brincar. Hacer lo que se desee. Ese pequeño duende que me guía por el camino y me ayuda. Imaginación. Cada vez se va perdiendo. Muere poco a poco en un mundo gris. Dónde ser diferente es juzgado.  Criticado y segregado. Dónde se ríen del que dice que es posible. Al que arrestan por creer que algo está mal. Dónde decir que existe una falla en el sistema es motivo de represión y dominio. Donde el miedo se disfraza de moral y ética. La pobreza alimenta la nobleza. Dónde la sed de dinero mata dejando manos limpias y vidas en lágrimas. Corazones rotos. Dónde se ataca antes de conocer. Dónde hay débiles y fuertes. Un mundo que disfraza la equidad en castas y sectas. No es de extrañarse que simplemente decida ir a la utopía de mi cabeza. No es de extrañar que se desee morir. No es de extrañar que se pelee con sangre. ¿Qué es acaso lo que esperan? ¿Qué los que sueñan decidan callar? ¿Qué no puedan sonar? ¿Qué no puedan imaginar? Democracia. Capitalismo. Estado. Soberanía. Gobierno. Constitucionalismo. Voto. Palabras de poder disfrazadas en libertad. Quizá es momento de que las rosas vuelvan a tener espinas. Momento de que se pinchen el dedo los que quieren sólo poseerlas. Momento de volver a ser humanos. Momento de volver a soñar. Momento de vivir. Enciende la llama de tu corazón.  Lucha por lo que eres. Por lo que quieres. Por la libertad. Por el amor. Por la igualdad.  Alza el canto y vuela libre sin miedo. A la única persona que nunca puedes decepcionar es a ti.

Espejo roto


Una vez más miro el reflejo. Aún roto no se deja engañar. Muestra mi realdad y me desenmascara Muestra la hipocresía con la que me autoengaño. Ni siquiera se puede ocultar con mi ira, rompiéndolo.  Este espejo muestra quien soy. Muestra la verdad. Las risas que son lágrimas y llanto. Las carcajadas que no son más que gritos de desesperación y dolor. Gritos en silencio. Gritos en olvido. Mira más profundo, esa falsa sonrisa que no es más que una mueca triste. Esa mueca sin forma.  Ojos que se ven vacios. Abandonados. Solos. Sin alma si es que eso existe. Como si algo en el fondo se hubiera roto. Se hubiera ido. Vacios y sin fondo. Un hueco sin luz. Trozos de cristal ensangrentados por el piso. Caos en mi mente. Caos en el espacio y tiempo. El tiempo se congelaba. El sonido no llegaba y el aire ausente se encontraba. Todo lo que se encontraba estaba desecho. Un espejo y lo que quedaba de mí. Todo roto, y sin embargo, lo menos roto era el espejo

Mucho músculo


Porque simplemente soy feliz al verte sonreír. Esos diecisiete músculos que al contraerse me enamoran. Sin embargo dentro de esos diecisiete me gustaría un total de sesenta y ocho. Sesenta y ocho para poder besarte. Treinta y cuatro míos y treinta y cuatro tuyos. Esas pequeñas fibras rojas que hacen esa mueca que tanto me gusta. Tanto esfuerzo vale la pena. Mucho músculo para hacerme feliz. Mucho músculo para hacerme soñar.

Ligeramente


Todo parece indicar que estamos ligeramente desfasados.  Compartimos tiempos ligeramente diferentes. Tenemos edades ligeramente diferentes. Ligeramente tenemos ideas diferentes. Parece que nada importa pues sé que te amo, pero la realidad me es diferente. Esos “ligeramentes” son los que me están matando. Es ese ligero tiempo en el que no te puedo ver. En el que no te puedo hablar. Ese ese, el que me mata. Esa ligera diferencia en la que no sé qué decirte. El momento en los que te extraño. Me estremezco al pensar que es lo que piensas. Tengo miedo de no tenerte, de saber que no estarás nunca más cerca y por más que lo quiero desaparecer el ligeramente siempre está ahí.  Siempre me persigue y parece que conspira contra mí para no poder amarte más. Arrancándome ligeramente el corazón por ti y no sé que más hacer. Te amo y no hay nada que pueda hacer. Ligeramente tendrán que desaparecer. Ligeramente sé que me empalmaré. Ligeramente sabrás que te amaré.

Dos letras: TU


¿Quién es? Tu. ¿De quién te enamoraste? Eres tú. ¿De quién te robarías un beso? Eres tú. ¿Con quién sueñas? Tu. ¿En quién piensas? Eres tú.  Siempre las mismas dos letras. T y U. Contiguas en el abecedario. Respuestas de tus preguntas. Letras en mi mente. Simplemente entraste en ella y no te puedes salir. Dos letras con una significativa tan grande.  El problema no eres tu sino que simplemente no sé si te quiero o te amo. Tan difícil es descifrar el significado de esas dos letras en mi mente. Letras que se transforman en un nombre. Letras y más letras. Todas con una conexión tan intiman que alteran mis condiciones fisiológicas. Alteran mi mente.  Mis latidos. Mi respiración. Mis sueños. Dos letras que se convierten en la ilusión de un futuro. Se convierte en esperanza. En alegría. Tú. Siempre en mi ser, con una fuerza tan abrumadora que me robas de la realidad. Me escapo. El simple hecho de estar a tu lado me hace feliz. No necesito hablar. No necesito mirarte. Sólo saber que estas ahí, a mi lado. Esas dos letras que se convierten en una suma cuando pienso un TU+YO. Me gusta imaginar a que sería igual. Dos letras que se transforman en más letras. Dos letras que revolotean en mi realidad y mente. Sólo eso. Dos letras con un significado más allá del diccionario.

Pena de muerte


-¡¿Y por qué los mataste?!
Siempre la misma pregunta. Querían encontrar una respuesta para no matarme. Mi última oportunidad. Simplemente no les quería contestar. Era una salida más fácil a tener que admitir la verdad. Los maté porque a mí nadie me quiere. Lo pensaba una y otra vez. Por su chingado amor los maté. No podía tolerar estar sentado en esa banca del parque mientras se amaban. Se amaban con tanta intensidad y yo los maté.
         Desde que recuerdo, nunca nadie me quiso. Mi padre abandonó a mi madre cuando le diagnosticaron esa horrible enfermedad con duración de nueve meses. Aún así, la idea del aborto no le parecía. (*De lo contrario quizá esos dos no estarían muertos*). En cuanto nací, decidió abandonarme a  mi suerte en un puto orfanato de mierda. Al estado tampoco le importaba, nunca registraron mi entrada al orfanato. Nunca tuve más ropa que los jirones que los más grandes tiraban, nunca comí más de lo que sobraba en la mesa.  Las maestras ni siquiera podían recordar mi nombre. Nunca hablé, ni lo necesité. Los demás niños me escupían, mordían, pegaban y molestaban por eso, más nunca lloré ni me defendí. Se podía decir que me limitaba a respirar. No entendía lo que eran los sentimientos e incluso, creí no tener. No fue hasta que crecí que comprendí la humillación, el dolor y el rechazo. Las hormonas, corazón, cerebro, o cualquiera de esas mamadas a las que se les adjudique, me hicieron creer estar enamorado de una que otra niña y la respuestas siempre eran las mismas: ¿Tu quién eres?, ¡No!, ¿Cómo por qué?, Ni loca, ¿Por qué haría una tontería así?, Ni tan necesitada o simplemente una mirada acompañada de un ¡Piérdete!. Las mujeres son peligrosas y crueles sobre todo cuando saben que son hermosas.
         Decidí ignorar todo este pasado, dejarme humillar y crecer. Ahora que lo pienso, ni siquiera sé como conseguí ese empleo puñetero. ¿Acaso?, era la soledad de limpiar pisos en la noche en ese lujoso edificio de cristal en el Cartier du Commerce. Disfrutaba estar con mi soledad, con mis sombras y pensamientos. Ganaba lo suficiente para comer y me dejaban dormir, vivir, lo que fuera; existir, en un cuarto al sótano del edificio. Mi catre se encontraba al lado de la caldera central. Nunca fui buen escritor, ni buen escultor, ni buen pintor, mucho menos dibujante, simplemente no era bueno en nada. Parece que el hecho de pulir pisos a diario me había hecho relativamente bueno en esa área. Fue un lunes que decidí salir a comer y dar una vuelta por el parque. Observar el mundo. No sabía que no lo pudiera tolerar.  Un mundo intolerante al que no podía tolerar.
         Esa linda parejita se sentó en el pasto bajo el gran árbol frente a mi banca. Platicaban. Reían y se besaban. Llenaban de alegría el ambiente, incluso robaban las sonrisas de los transeúntes que pasaban y añoraban un amor similar, pero, eso no sucedía en mi interior. La ira iba creciendo. Una profunda rabia que no sabía explicar origen ni causa. Sentía la presión de mis dedos apretarse con mis puños. Mis dientes rechinar. La voz de mi cabeza gritaba cada vez con más fuerza. ¿Por qué nadie me quiere así? ¡Mátalos! ¡Mátalo, se lo merecen! Las lágrimas de ira e impotencia se deslizaban en la pista de mis mejillas mientras los miraba con odio puro y negro. Cada caricia. Cada beso. Cada cariño era un maldito golpe a mi pecho. Una cachetada. Un recuerdo del rechazo y humillación que había sufrido. Me paré. Lentamente me les acerqué y lo golpeé. Le tomé la cabeza y la azote repetidamente contra el piso mientras oía el crujir del cráneo. No me importaba que me salpicara de sangre.  Lo único que quería era que su rostro se desfigurara mientras se convertía en una masa amorfa y grotesca. Hasta que dejó de ser un rostro. Me volteé y a gritos de desesperación le pregunte ¡por qué nadie me podía querer a mí! ¡POR QUÉ! La tome del pelo y le pregunté si quería acompañar a su amado. Le levanté el rostro mientras veía sus ojos suplicar el perdón. Era hermosa, su belleza me hizo odiarla más. Sin ningún miramiento, procedí a hacerle lo mismo que a su “amorcito”. Quería robar su belleza. Derramarla por el piso. Que la piel se quedara en la grave. La sangre se mezclara con la arena y su pelo con el viento. No quería que quedara nada, ningún rastro de su belleza. Como de costumbre, la policía llegó segundos tarde. La hermosa pareja de tortolitos se había convertido en un par de cuerpos sin rostros nadando en un mar de sangre y demás. Irónicamente les había entrelazado las manos. Muertos juntos. A ver si así se podían amar. Muertos. Muertos por mi pasado. Mi odio. Mi rechazo. Ahora me toca morir a mí, pero muero feliz. Muero con una sonrisa. Ya nadie me va a rechazar. La aguja entra en mi piel liberando su veneno. Poco a poco me desvanezco. Me voy y sonrío. Los maté porque se amaban. Por su maldita culpa. Por su amor los maté.

No puedo



Y juré creer que no me importaba. Juré que me daba lo mismo. Una reverenda hipocresía. Un auto engaño que me duele y confunde. Y ahora simplemente estoy aquí. Tratando de sonreír, mientras le digo al mundo que no pasa nada, que el dolor que siento y me mata no existe. Sonreír y tratar de convencerte que lo que siento es una mentira. Que no es nada, simplemente cansancio. Cierro los ojos con la ilusa intención de escapar de esta absurda realidad. Una realidad que me caza y persigue. Como te puedo expresar que me mata el hecho de saber que estas en sus brazos. El saber que tocas sus labios. Simplemente no puedo. No puedo estar asi´. No te quiero perder y tú tampoco lo quieres, pero no puedo. No puedo. Rómpeme el corazón, patéame, muérdeme o mátame pero no me hagas sufrir teniéndome a tu lado. Sé que eres feliz y en verdad me alegra pero no me puedo traicionar. Esta sonrisa me ahoga. Me está matando y siento que me desangro. Disculpa que me escape, pero no encuentro otro modo de evitar el dolor que una vez creí haber olvidado. No puedo. No puedo. NO PUEDO. Simplemente no encuentro el interruptor. No lo puedo apagar. No lo puedo olvidar. Quiero irme. Estar solo y dejar de pensar. Dejar de sentir. Ya no puedo más. Déjame partir. Libérame de ti.

Tensión


Ese tenso momento en el que nuestros rostros se acercan peligrosamente, y lo único que pienso es en robarte un beso. Sé que la tensión aumenta, te acercas más y yo me acerco más. Nuestros ojos se observan fijamente, tus ojos cafés muestran mi reflejo y en los míos puedes ver el tuyo. Una ligera sonrisa para disipar la tensión. Me acerco más y puedo sentir tu respiración. El palpitar de tu corazón, más bien el mió. El tiempo se detiene y de repente... 

Juguetes


Juguetes malditos y endemoniados, malditos que te hacen creer que eres feliz cuando simplemente eres tú la jodida marioneta. Dentro del paquete del mal viene una máscara, un disfraz y unas cadenas, así mismo, se incluye un montón de ilusiones, imágenes y falsas esperanzas. Con unos bellos ojos que ven directamente a tu alma, una piel que te invita a cubrirte con ella y el olor más hermoso y embriagante que puedas recordar. Un juguete que te hace creer que lo controlas y que sin embargo te destroza. Que aprovecha tu punto más vulnerable y cuándo haz depositado la mayor cantidad de confianza para destrozarte, destruirte y dejarte hecho mierda. Con una etiqueta de peligro de alto riesgo tan larga y complicada que nos da hueva leer. Los únicos que disfrutan estos juguetes malditos, donadores de placer, son aquellos pendejos que decidieron desconectar sus sentimientos, jugar únicamente un ratito y largarse por un modelo nuevo. Já inteligentes ellos. Pero mientras los clientes más débiles e ilusos poco a poco pierden su felicidad, estos juguetillos se aburren; se desconectan y simplemente buscan un nuevo dueño. Un nuevo títere a quien robarle las esperanzas, ilusiones y lo más importante: la alegría. ¿A poco pensaste que estas güijas eran de pilas? Pues no, pedazo de pendejo, la verdad es que estos utensilios funcionan con tu alegría. Por eso debes de usarlos como entretenimiento de duración corta. No sufras más, disfruta y juega. Consigue tu juguete en el puesto de la esquina más cercano. 

Sin vuelta


¿Dónde fue que erramos el camino? ¿Dónde fue que las caricias y cariños, se convirtieron frías y sigilosas torturas? Quisiera saber el momento en el que todo cambio. El momento en el que todo se convirtió en una guerra sin posible ganador. Una guerra que nos desgasta y lastima. Esos golpes en silencio que no dejan una marca pero dejan el dolor. Tan sólo quisiera encontrar el momento en el que dejamos de caminar juntos en el sendero, para empezar a empujarnos. De reírnos y ser felices nos olvidamos de todo eso. Buscamos escusas para odiarnos cada vez más, volver es muy difícil. Simplemente sé que no hay marcha atrás; tomamos el camino sin retorno. Un camino sin vuelta atrás. Es el momento de decir adiós. Aún cuando se que te amo, nuestra naturaleza es muy similar. Siempre estaremos peleando y es por ese amor que te tengo. Es este amor el que me obliga a irme. No te quiero lastimar y que con tus heridas no soportes mi mirada. me asusta la idea de ver odio en tus ojos. Reflejando mi ira, tu dolor, la pasión. Una mirada que me duela. Una mirada que me mate. 

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