Lentamente,
el espacio se fue acortando. Centímetros que se volvieron milímetros. El
espacio entre los dos se volvió nulo. El palpitar de tu pecho sonaba con la
fuerza de una manada de caballos. Tu respiración agitada y nerviosa. Una explosión
en tus labios sabor a chocolate y avellanas. Segundos que se volvieron minutos,
minutos que se volvieron horas. Girando el mundo. Alterando la realidad.
Embriagando todo. Confundiendo todo. Explosiones de dulzura. Explosiones de
amor. Dos cuerpos que se funden en uno. En la intensidad de la intimidad. La
negrura de la noche, la negrura del chocolate y la dulzura de tus labios.
Pasiones ocultas. Pasiones de noche. Que mueren con la luz del día. Caricias y besos. Momentos que tan sólo
quedarán en la memoria. En su memoria. Se debe olvidar. Un caballero no
recuerda. Pero ¿Cómo olvidar aquello? ¿Por qué negar lo que es? Un afecto
negado. Un afecto de noche. Un afecto de negrura. Al menos hasta que muera la
dulzura de tus labios.
No hay comentarios:
Publicar un comentario