La
primera fase normalmente comienza experimentando un shock en el que esperarás
que sea una mentira o una pesadilla. Esta fase dará paso a un llanto incesante
que culminará con un sentimiento de humillación y una asfixia provocada por la
mucosa segregada en las fosas nasales impidiéndote la respiración. Sentirás una
presión en el pecho y un intenso dolor. Lo que más te dolerá no es el hecho de
que no esté sino los recuerdos y la certeza de saber que no habrá nuevos.
Lentamente maldecirás y buscarás un culpable a tu dolor. Te enojarás y desearás
que no pudiera intervenir. Desearás haber sido mejor de lo que fuiste pues ya
no es tiempo de disculpas o decir te quiero. Los oídos ya no escuchan y una
terrible nostalgia y soledad te inundarán. Desearás un momento en soledad
durante el cuál tendrás una meditación calmada y profunda con algún lagrimeo y
gemidos de llanto. Empezaras con los recuerdos y a platicar aquellas
experiencias y vivencias en común. Lentamente, aquellos hábitos que tenían que
odiabas y te molestaban empezaran a gustarte e incluso, sentirás necesitarlos. Necesitaras
afecto y un abrazo de alguien conocido y empáticamente en tu situación para
retomar tu llanto silencioso. Terminada esta fase empezaran las falsas risas y anécdotas
joviales. Querrás recordar aquellos momentos que compartiste y desearás que tu
memoria no los pierda. Te aferraras a cada recuerdo que permita olvidar el frio
en el pecho. Tendrás que despedirte tratando de no pensar en la soledad que te
produce llevarte tu dolor. Te recostaras, pues la muerte fatiga, y lloraras,aún cuándo ya te arden los ojos, hasta quedar profundamente dormido para levantarte y pretender que todo fue una
pesadilla.
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