Bailemos juntos al compás de la noche, que dentro de esta máscara no debo sentir temor. Gira en círculo de tan líquido espejo, de tan grandioza belleza no podré ser su dueño. Tu, dueña de ese reflejo, te póngo de testigo. Oyente de mis penas y plegarias. Escucha bien mi grito puesto que poco es lo que pido. Que en noche de tu guarda encuentra la bella ternura. Vivo en su ausencia, de tan hermosa princesa. Haz que aquellos labios rojos callen la sangre de mi pecho. Haz que con el viento no sienta lo distante de su cuerpo. Disculpe si la ofendo con tan impunes pensamientos, mas mi único anhelo, es robar un poco de aquél aliento. Aliento que le da vida y así mismo la mía. Aquella mujer: Ladrona de mis pensamientos. Ladrona de mis sueños. Ladrona de mis sentimientos. Sea pués, ante la palidez de aquél rostro, recaiga mi juramento; de poseer, aunque sea por un pobre momento, un poco de su dulce aliento.
Monstruos
Sólo me queda pintarlo gris. Lo que una vez brilló fue oscurecido con las nubes de tu rechazo; la negrura de tu desprecio. El rojo del dolor me cubre en blanco y amargo llanto. El mediocre consuelo que encuentro en la vaguedad de mis palabras incoherentes. Palabras de un corazón herido. Dicen que para escribir se tiene que estar dolido. Abandonado, diría yo. Solo. Quizá la locura que me consume se derrama en la negrura de la tinta. Divaga mientras flota sobre el papel. Libera los monstruos que se esconden en el armario de mi mente. Presente, pasado y un imaginativo futuro que se conjugan para formar y deformar mis pensamientos. Creando mis monstruos. Aquellos seres gigantes, peludos, con largas y afilladas garras y de blancos dientes. Se esconden bajo mi cama, dentro de mi, esperando a que tu dulce caricia logre sacarlos de ahí.
Marinero
En la soledad de sus palabras se refugiaba mientras navegaba en aquél mar frío y silencioso. Mar de confusión y tristeza. Hizaba una vela rota de sueños e iluciones. La marea crecia con el correr de su llanto. Promesas rotas. Palabras que desgarraban la fatigada carne. Desiluciones y traiciones. Sangraba sin manchar. Sombrío y lento, sin tener lugar ni procedencia. Su luna había desaparecido, y el Sol, no volvería a brillar en su corazón. Remando en círculos, el espacio y la mente se unían en una tormenta confusa y pasiva. Lentamente. Frío. Solo. Ninguna nube a la deriva. El cielo se fundía con el mar en la negrura del tiempo. Esperando aquella luz del faro que lo proteja de las rocas. Esperanza. Sueños. Anhelando, con un fragmento del corazón. El único que quedó tras tu partida.
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