No
te voy a lastimar lo prometo…
Y
con una sonrisa terminé de convencerte. En mi mente se repetía más de quince
veces. No te voy a lastimar. Cada vez más quedito. Despacito hasta convertirse
en un murmullo. Esta vez la cabeza
trataba de dominar el corazón. La quieres- le decía y lo repetía. Aún soñaba
con ella y estar con ella le producía felicidad pero, algo en él lo molestaba.
Vete. Vete otra vez. Corazón ya te había olvidado. Era algo muerto; no puedes
seguir en mi pecho.
¿Por
qué no te puede odiar? Sigues presente. Eres más fuerte que un recuerdo. No te
puede negar mucho menos olvidar. Te fuiste y me sentí aliviado. Tu partida
había quitado un peso de encima. Tú tienes la culpa. Tú la vas a lastimar. No
sé de qué sea capaz contigo. No, ella no tiene la culpa. Ninguna la tiene. ¿Y
yo? ¡Tú no eres responsable de corazón! Quizá no; sólo sigue la corriente y tal
vez todo salga bien. Tal vez. Sólo tal vez…
Di
que no es para mí. Di que aquellas palabras lindas no son para mí. Trátame con
desprecio. ¡Ódiame! Te lo ordeno. Deséame mal y no cosas buenas. No me des
besos. No me acaricies. No seas condescendiente. No me digas que me quieres. Di
que me desprecias. Que te hago daño. No me digas que te sientes bien. No me
digas que sabes que no te haré daño. Dime que sabes que pronto terminará. Dime
que sabes que va a dejar de girar. Sé que en el fondo también lo sientes.
No
somos perfectos. Somos seres llenos de magulladuras y errores. Creados por
nuestros miedos y prejuicios. Malformados y dañados. Domados por la mente y no
por el corazón. Seres que se adaptan y evolucionan. Atacan y destruyen en
defensa propia o por adaptar. Hacemos daño. Somos máquinas para destruir. Parásitos.
Fuimos creados para destruirnos y todo lo que esté a nuestro alrededor.
Depredadores naturales buscando la siguiente presa. Así es el ser humano. Egoísta.
En busca de dejar un legado. En busca de la inmortalidad. Ya sea en carne,
recuerdo, u objeto; algo que trascienda nuestras míseras y cortas vidas. Siempre
buscando como seguir presentes. Seres destructivos y egoístas. ¡No pretendas
que no es cierto! ¡No pretendas que somos diferentes! Nos vamos a destruir.
Estamos jugando un rato. Es lo único que hacemos y lo sabes. Cura tus heridas
pero no pretendamos que seremos eternos. Sabemos que terminará. El juego debe
de acabar.
Otro
beso que se roba. Otra caricia. Otro abrazo. Otro te amo. No nos aburrimos y
seguimos enredando. Pero no hemos olvidado. Traemos cuerda. Nos queremos, o eso
creemos. Seguimos soñando e imaginando un futuro inexistente. Destinado a
desvanecerse en los rincones más fríos de la mente. Aquellos recuerdos que
serán destinados a un recuerdo de olvido. Esos recuerdos que se tienen que
odiar por ser de esa persona que nos lastimo. Recuerdos de olvido fríos. La
simple acción de traerlos de regreso lastima. Duele muy profundo. En lo más
hondo de los sentimientos. Abismos que preferimos no surcar y que es más fácil
rodear. Pretender que no existen. Pequeños hoyos que lo hacen brincar.
Toma
el trompo, dale cuerda y hazlo girar. Ríe y disfruta cómo los colores se
mezclan creando múltiples colores. Vive.
Siente y enamórate. Maravíllate ante su equilibrio. Un perfecto equilibrio que
mantiene en movimiento mientras gira entorno a su eje. Gira como el mundo se
inclina y regresa. Lentamente se detiene llegando a su fin. Empiezas a notar la
presencia del rojo. Ya no es más una mancha. Uno. Dos. Tres. Cuatro. Cuatro
colores. Rojo. Amarillo. Verde. Azul. Ya no son muchos. ¿A dónde se fue el
arcoíris? ¿Por qué ya no te ríes? ¿Por qué ya no disfrutas? No te esfuerces
más. Terminó el trompo de girar. Es momento de comenzar otra vez. Un nuevo
juego. Vuelve a enredar la cuerda. Enamórate otra vez y ten un nuevo
sentimiento. Nuevas emociones. Nuevos recuerdos. Ve y sé libre. Así debía ser.
Desde un principio sabías que terminaría. Guarda los buenos recuerdos y aprende
de los malos. Sé más fuerte más no dejes de amar. Toma el trompo y hazlo girar.
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