Sumergí
mi cabeza. El pequeño mundo irracional se me antojaba. Quizá ahí dentro mi
memoria se borrara. Durara únicamente tres segundos. Quería perder mis escamas y agallas. El mundo se veía muy
diferente dentro de mi casco. Un acuario inmenso. El vidrio alejaba todas las
emociones y sentimientos pero se sentía extraño; era algo nuevo. En mi pecera giraba
de un lado a otro para volver a comenzar. Cruzarla era una nueva gran aventura.
Llovía comida. Tanta paz. Tunk. ¡Oh, sé acabó! Daba la vuelta y me encontraba ante
un espacio infinito y desconocido. Podía sentir mis pequeñas aletas en la calma
del agua. Un poco más. Podía sentir un mundo diferente. Más amplio. Bullicio y
colores. La luz no se deformaba con el agua. Desparecía el eterno arcoíris por
una luz blanca y grisácea. Sólo otro poquito. ¡No! ¡No! La pecera empieza a rodar por la mesa. ¡Nos caemos! ¡Nos caemos! ¡Auxilio! Crash. Plash Splash. No puedo respirar. Splash Plash. Tráiganme agua. ¡Auxilio! Quise juagar al humano y me ahogue en pensamientos y
emociones.
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