¿Cuántas veces en mis dedos se quedó decirte lo que siento? ¿Cuántas veces mis labios no dijeron lo que el corazón sentía? Y hoy, es muy tarde para dar explicaciones. Tal vez mis te quiero nunca fueron suficientes. TU presencia embriagaba mis sentidos, tenías el don para tenerme a tus pies. Siempre fuiste como un fantasma. Estabas ausente por momentos y muy presente en otros. Pero tu presencia siempre me dejaba huella. Una huella que se hacía cada vez más profunda. No me podía resignar. Sin saberlo me habías encantado. Muchas veces temí mostrarte lo que siento, por miedo a tu distancia. Ahora en silencio me lamento. Las lágrimas inundan mis mejillas y el silencio se ve desgarrado por mis lamentos. Un adiós prematuro. Quizás se pudo haber evitado si se hubiera tenido el coraje. Hoy tienes nueva compañía y tu distancia se siente cada vez más. Haz dejado de ser mi fantasma, mi pequeña estrella. Me pregunto, ¿por qué nunca tuve el valor? Ese miedo irracional o era únicamente esa comodidad mediocre. Un conformismo disfrazado de miedo. Ahora si eres un fantasma. Un fantasma que se desvanece con el tiempo y se ve remplazado con tristeza en mi corazón. Hoy los recuerdos, no son más que cadenas de mi alma. Miedo. Una inseguridad que acaba con todo. Si tan sólo no lo hubiera planeado. Siempre controlando todo. Tratando de controlar lo incontrolable. Destino final: fracaso. Me duele. Mi fantasma se ha ido y quizás no vuelva nunca más. Hoy lloro en mi castillo, anhelando su regreso.
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