Eres como las olas del mar. Bella, peligrosa, cambiante y fuerte. Puedo pasar horas contemplándote. Puedo intentar adivinar hasta donde llegaras la próxima vez. Vienes y te vas. Muchas veces me has arrastrado hasta lo más profundo de tu ser. Ahogándome. Aún cuando me intrigas, te respeto y te temo. Sé que puedo perecer en tus labios. Tengo que medir la marea, observar el clima y sentir la presión. Eres como el mar más calmo y como el más peligroso. Excitante, llena de aventura y pasión. Te deseo, sin embargo, en tu inmensidad no te puedo poseer. Pero en esta botella de cristal, encierro una parte de ti. Nunca te podre tener, al menos completamente.
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