Sentado. Contemplando. Viendo aquél rostro en el lienzo, mientras pasa el tiempo. Detenidamente recorro las líneas de esa figura. Su hermosa sonrisa, esos ojos llenos de amo. Cada pequeño detalle me lo memorizo. Lo grabo en mi mente. Todo es hermoso y perfecto pero algo falta. Mientras pasa el tiempo empiezo a notar las pinceladas. Empiezo a notar una ligera curvatura en el marco. Unos ojos perdidos en el tiempo. Surgen unas grietas perfectamente disimuladas y escondidas. La fase de enamoramiento se esfuma, noto cada detalle. La perfección con todas sus imperfecciones.
Debería irme y conservar sólo el hermoso recuerdo de la pintura perfecta. Más no puedo. Estoy fascinado, totalmente perdido y enganchado. Con la mirada sigo las grietas tratando de encontrar su origen. Intento entenderlas. Acaricio el marco; lo siento. Cada detalle la vuelve más hermosa. Más completa. Perfecta. De pronto, todo el conjunto se ve terminado. Completo. Algo digno de admiración, ver y querer. No me puedo ir, es muy tarde. Me perdí en la pintura. Las pinceladas se marcan en mi piel. El olor me enloquece y marea. Estoy en un estadio de euforia e hipnotismo. Fascinación. Cada grieta, curva, punto, línea, forma y color me dejan perplejo. Ciertamente en tus imperfecciones está tu perfección. Deseo tenerte, más eres inaccesible. Para mi tristeza tendré que venir a contemplarte. Sentarme en este frío y duro banco de madera. Esperando que pase el tiempo y me devuelvas la sonrisa. Esperando hasta unirme a tu pintura. En un solo y hermoso cuadro. Entero y perfecto.
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