Sólo
abrázame al frió de septiembre con la luz de la luna cubriendo nuestros rostros. Con esos hermosos ojos.
Embriagándome con tus besos sabor a chocolate. Todo mientras reímos un rato,
jugamos. Y disfrutamos de ver las estrellas bajo esa manta que nos protege de
los peligros de la soledad. Siento tus manos estrechando las mías. Tus dedos entrelazados.
Estas tan cerca que me marea el olor de tu pelo. Por un pequeño e
insignificante instante creo que soy feliz. En este momento dejo de pensar en
el futuro. En el pasado. Simplemente, vivo.
Disfruto cada segundo que estoy a tu lado. Cada momento que puedo
robarte de la soledad y estar contigo. Una ráfaga de aire sacude nuestras
espaldas, obligándonos a abrazarnos. Puedo sentir el calor de tu piel, tu
corazón. El frió de tu respiración. Parece ser que todo es perfecto. No me
imagino otro lugar. Otro momento que no sea ahora y contigo. Así. Tú y yo.
Abrazados. Jugando y riendo. De repente se me ocurre esta tonta y egoísta idea.
Estemos juntos hasta que terminemos de contar las estrellas. Al fin y al cabo
sólo están sincuenta. 1, 2, 3…
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