Ciento cincuenta y cuatro


Creí juntar el valor necesario. Recorrer todo el camino hasta tu casa. Incluso junte el valor para comprarte esas flores que tanto amas. Subí los ciento cincuenta y cuatro escalones desde la calle hasta tu departamento. Revisé cada una de las puertas rojas con los números dorados. Imprimí esa sonrisa de seguridad y ternura en mi rostro y traté de ordenar lo que diría. En cuestión de segundos me encontraba frente a tu puerta. La música de tu apartamento se escuchaba y podía percibir tu olor. Ese dulce perfume, la delicia de tu piel. Casi podía sentir tu calor una vez más.  Me sentía lleno y emocionado. Pero el miedo volvió a mí y recordó el dolor. Todo el dolor que sufrí una vez. Todo lo que creí importante finalmente no lo era. Tu sonrisa me golpeaba frenéticamente los costados de mi pecho. Finalmente decidí no tacar la puerta. Dejé las flores tiradas en tu entrada. Me di la vuelta y te empecé a olvidar.

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