"I"


Ingenua ilusión. Ingenuo sentimiento. En la mente confundió lo que los ojos mostraban. Que de un vago corazón; la imagen se idolatró. Ingenuo te heriste. Ingenuo te cortaste. Creaste una imagen. Creaste tu realidad. Creaste tu perfección. Creíste enamorarte. Ingenuo iresponsable corazón. Bobo. Tonto. Una soledad disfrazada. Ingenuo fuiste corazón.  

Burbuja


La inflamos juntos. Creció hasta que reventó. Su contenido era mayor que la fuerza que lo contenía. Voló alto y siguió creciendo, pero pronto debía terminar. La fragilidad. La belleza. Dentro, el reflejo de risas y alegrias rompian en colores. Más su estructura era inestable. Construida en la tensión y destinada a perecer. Fuimos juntos y terminamos solos. ¡Plop! Exploto, salpicándonos el rostro. La inflamos más de lo que podía y el aire la consumió. Sólo pequeñas gotas dejan un rastro de lo que fue. Rastro de la ilución. Ilución de mil colores. Gotas. Gotas separadas, salpicadas y lejanas. Gotas es lo único que quedó.  

Maldición


Un ardiente deseo invadió aquél desdichado ser. Deseo de ser parte de aquella alma pura. Hermosa de naturaleza y posedora de gran inteligencia. En su deseo radicaba su maldición, pués se juró nunca hacerle daño ni provocar sufrimiento alguno. Para grandeza de sus pesares, por medio de una larga meditación, comprendió que el unico modo de amarla sin dañarla era dejándola. Caminar el camino paralelo, así bajo el yugo de su juramento, sería capaz de nunca lastimar tan bella flor. Flor, que aún, poseyendo gran fortaleza, independencia y valor era de nobles sentimientos. Una flor que había resistido el paso del frío y la tristeza. Más de una vez, había visto ser arrancados sus pétalos en un simple juego. Juego llamado, por algunos, amor. Otros, manipulaban ese sentimiento para lograr fines materiales. Aquél desdichado no tenía otro remedio más que consolarla y cuidarla. Limpiar las huellas de su rostro y tratar de no marcar las propias.  

Rêve


Agarrados de la mano caminaban a orillas del Sena. Un manto de estrellas los cubria. La tranquilidad y frescura de la noche los envolvía mientras paseaban. La belleza de la ciudad los atrapaba en su místico romance. Acurrucados caminaban al ritmo de los enamorados. Tambaleándose en su mundo. Las notas de aquél saxofón bailaban en el viento, jugaban y giraban. La luna tocaba para ellos. Los veia y con ellos se enamoraba. En su enamoramiento descendió hasta tocar con sus labios la ternura del río. Observaba como se besaban. El, la atraía a su pecho con la mano en la cintura mientras la cargaba ligeramente. Ella, levantaba ligeramente el pie y se entregaba a sus abrazos. Una sonrisa de afecto iluminó sus rostros y reanudaron la marcha. Así, simplemente, agarrados de la mano. Riendo. Besando. Amando. Juntos. El mundo era de ellos. Paris y la Luna tocaban para ellos.  

Andria


Le tomó las manos y la atrajo hacia su pecho. Mientras ella discutia le dió un beso. Sabía a enojo y confusión con una mezca de pasión y cariño. Al romper el sello de sus labios sus pechos se agitaban mientras los corazones luchaban por salir. ¿Por qué lo haces?-Pregunto ella. No tengo otro modo de decirlo.-contestó agachando la cabeza y levantando los hombros- Te vas y me habrás olvidado antes de que la manecilla de su primer vuelta. En sus ojos denotaba tristeza.- Es el único modo de que me recuerdes, robando un poco de tu alma. Las hojas caían. Mientras se miraban. El mundo giraba y ellos se desvanecian en el. ¿Y qué esperás?- ella preguntó, en su voz se oía enfado pero en sus ojos se leía lo contrario. Que me digas que me quieres. Que el tiempo se congele. Que pienses en mí cuando ya no esté.- queria decirle todo el desorden que se imponía en su cabeza- Olvida lo que dije. Sólo…quiero…que sepas que te amo. Las palabras flotaron en el bosque. Suspendidas. Ella tenía que partir, era muy tarde. Él lo sabía. Nada cambiaría. Levantando lentamente la cabeza, acercó su rostro al de ella y le dió otro beso. Podía notar la sal de las lágrimas. El primer beso es dulce, cuando te despides sabe a agua de mar. Lo siento- dijo ella entre lágrimas mientras se iba. Dió media vuelta y entre lagrimas le preguntó- ¿Por qué ahora? ¿Por que cuándo me voy me dices que me amas? Tomó su mano, tan suave, siempre la había querido. -Tenía miedo de perderte y lo logré. Te vas y me olvidarás. Así son las personas. Así es el mundo. Por extraño que suene, pensé que mi egoísmo podría hacer que te quedaras. Te quería ver sonreír. Te quería conmigo. Todavia recuerdo cuándo estábamos juntos. Cuándo tomábamos café y reíamos. No hay un día en el que me pregunte que salió mal. Cuando te perdí. Ella sin palabras se acercó. Le susurro al oído- Nunca lo dijiste, pensé que... Un ultimo beso, y cómo vino se fue. Fugaz. Se desvaneció en el espacio-tiempo. Y así se encontraba, sólo, en la estación de trenes. Esperando que con sus pensamientos ella pudiera regresar. Espernado que aquél recuerdo fuera real. Esperando que hubiera pasado. Aquella banca se sentía más fría. La sal regresaba a su boca y el frío del otoño desgarraba aquél cobarde corazón. Tenía miedo. Estuvo lejos de ella. Estaba sólo. Sólo quedaba una parte de ella en su mente. Tras su partida, una parte de su ser había muerto. Los trenes pasaban. Un último tren se detuvo frente a él, mientras rechinaba el vapor avisando la inminente partida, su corazón se desgarró lanzando un último grito de dolor. Una última vez respiró el nombre de su amada.   

Juramento


Bailemos juntos al compás de la noche, que dentro de esta máscara no debo sentir temor. Gira en círculo de tan líquido espejo, de tan grandioza belleza no podré ser su dueño. Tu, dueña de ese reflejo, te póngo de testigo. Oyente de mis penas y plegarias. Escucha bien mi grito puesto que poco es lo que pido. Que en noche de tu guarda encuentra la bella ternura. Vivo en su ausencia, de tan hermosa princesa. Haz que aquellos labios rojos callen la sangre de mi pecho. Haz que con el viento no sienta lo distante de su cuerpo. Disculpe si la ofendo con tan impunes pensamientos, mas mi único anhelo, es robar un poco de aquél aliento. Aliento que le da vida y así mismo la mía. Aquella mujer: Ladrona de mis pensamientos. Ladrona de mis sueños. Ladrona de mis sentimientos. Sea pués, ante la palidez de aquél rostro, recaiga mi juramento; de poseer, aunque sea por un pobre momento, un poco de su dulce aliento.  

Monstruos


Sólo me queda pintarlo gris. Lo que una vez brilló fue oscurecido con las nubes de tu rechazo; la negrura de tu desprecio. El rojo del dolor me cubre en blanco y amargo llanto. El mediocre consuelo que encuentro en la vaguedad de mis palabras incoherentes. Palabras de un corazón herido. Dicen que para escribir se tiene que estar dolido. Abandonado, diría yo. Solo. Quizá la locura que me consume se derrama en la negrura de la tinta. Divaga mientras flota sobre el papel. Libera los monstruos que se esconden en el armario de mi mente. Presente, pasado y un imaginativo futuro que se conjugan para formar y deformar mis pensamientos. Creando mis monstruos. Aquellos seres gigantes, peludos, con largas y afilladas garras y de blancos dientes. Se esconden bajo mi cama, dentro de mi, esperando a que tu dulce caricia logre sacarlos de ahí.  

Marinero


En la soledad de sus palabras se refugiaba mientras navegaba en aquél mar frío y silencioso. Mar de confusión y tristeza. Hizaba una vela rota de sueños e iluciones. La marea crecia con el correr de su llanto. Promesas rotas. Palabras que desgarraban la fatigada carne. Desiluciones y traiciones. Sangraba sin manchar. Sombrío y lento, sin tener lugar ni procedencia. Su luna había desaparecido, y el Sol, no volvería a brillar en su corazón. Remando en círculos, el espacio y la mente se unían en una tormenta confusa y pasiva. Lentamente. Frío. Solo. Ninguna nube a la deriva. El cielo se fundía con el mar en la negrura del tiempo. Esperando aquella luz del faro que lo proteja de las rocas. Esperanza. Sueños. Anhelando, con un fragmento del corazón. El único que quedó tras tu partida.  

Tinta


Entré a tu vida y salí. Simplemente un personaje en tu novela. Acabó la página. Diste la vuelta y así, me perdí entre las páginas. Desapareciendo de tu memoria. Olvidado. Solo tinta de tu memoria. Tinta que se pierde y despinta. Páginas que fueron de lo que nunca fue. Letras que el olvidó se apropió. Cambia las páginas que entran nuevos personajes. Personajes para besar. Personajes para reir. Personajes para cantar y jugar. Personajes para olvidar. Sigue. Es sólo tinta en la memoria.  

Ridículo y revuelto


No tengo nada que decir más que este montón de ridículas ideas. Sé que soy un idiota y la verdad, todos lo somos. Sé que tengo miedo, miedo de lastimarte, miedo de herirme. No puedo prometerte nunca dañarte pues contigo no soy consciente de mis actos, así tampoco no lo puedes prometer tu. No puedo prometer aquello que quizá no pueda cumplir. Es un riesgo a correr; un riesgo del que no me importan las consecuencias. Cada herida sana, aún si es necesario de tiempo. No me importa que crean que soy débil o vulnerable pues estar contigo me hace sentir invencible y seguro. Siempre es más fuerte aquél que reconoce sus debilidades, y sé que contigo, desaparecen. ¿Y el pasado? El mio no lo puedo olvidar, es quién me define, más prometo no voltear a ver el tuyo. Eres quién eres y así te acepto, no pretendo cambiarte ni mucho menos puesto que sé que sería una acción cobarde y estúpida. ¿Confianza? Creo que ya la deposité toda en ti. ¿El tiempo? No me importa si es un sueño o una ilusión, estar contigo me hace sonreír. Vivir el presente y disfrutar cada momento. “Siempre”. Mucho tiempo y no te puedo asegurar que nos separemos pero, por lo menos, si lo puedo prometer en mi mente y en mi corazón. Nunca desaparecerás de mi vida. 

Rojo Cebra


El cuchillo entró lentamente. Ya no sé porque lo hacía. Se había convertido en una costumbre.  Una costumbre que me causaba impotencia. No la podía detener. Cada corte me dolía y me hacía sangrar. Sangraba por dentro. Un dolor que no podía explicar. Por más que te lo pedía no querías. ¿Y si lo curo con besos? Déjame tratar que el dolor desaparezca. Déjame tratar de sanar esas heridas, más profundas de la piel. Háblame. Mírame. Siénteme. ¿Sientes cómo me cortas? ¿Cómo me duele? Pégame si es necesario. Grítame si así lo sientes. Desquítate conmigo pero no te lastimes. Eso me duele, me lastima. No lo hagas. Por favor.  Sólo cortaba. Una última vez entró. Una vez más salió. Así, el cardenal voló. Voló para nunca volver. Huyó. Se fue llevándose lo que más quería. Escapo, y de mi una gran parte se llevó. 

Ayer soñé...


Ayer soñé que te besaba, o besé lo que soñaba. La realidad se mezclaba con los sueños o acaso eran los sueños volviéndose realidad. ¿Quién podría decir que eso no había sucedido? Era una realidad feliz. Y pasa el tiempo y quisiera que no fuera así.  Que se hubiera detenido y nunca hubiera despertado o dormido.  Aquella sensación de paz, tranquilidad, afecto. Y soñé lo que soñé y pasó lo que pasó. El tiempo se va y de mi mente lo va robando. Lo va desgarrando y borrando. Qué ningún recuerdo quede. Pero es el deseo el que mata. Es el deseo el que nunca olvida.  El deseo que no olvida esos labios dulces, húmedos, rosas, suaves y tiernos. Ese cariño que exploto en la pasión de dos. Aquella ternura. Aquella suavidad. El deseo que pide que no se vaya. Retenerla en tus brazos. Retener ese tiempo, que se congele y no se escape. Aquella esperanza. Aquél sueño. Aquél beso. Aquel deseo. 

Besos sabor a chocolate


Lentamente, el espacio se fue acortando. Centímetros que se volvieron milímetros. El espacio entre los dos se volvió nulo. El palpitar de tu pecho sonaba con la fuerza de una manada de caballos. Tu respiración agitada y nerviosa. Una explosión en tus labios sabor a chocolate y avellanas. Segundos que se volvieron minutos, minutos que se volvieron horas. Girando el mundo. Alterando la realidad. Embriagando todo. Confundiendo todo. Explosiones de dulzura. Explosiones de amor. Dos cuerpos que se funden en uno. En la intensidad de la intimidad. La negrura de la noche, la negrura del chocolate y la dulzura de tus labios. Pasiones ocultas. Pasiones de noche. Que mueren con la luz del día.  Caricias y besos. Momentos que tan sólo quedarán en la memoria. En su memoria. Se debe olvidar. Un caballero no recuerda. Pero ¿Cómo olvidar aquello? ¿Por qué negar lo que es? Un afecto negado. Un afecto de noche. Un afecto de negrura. Al menos hasta que muera la dulzura de tus labios.

Cielo Azul


Simplemente estaba ahí, contemplando, aquella hermosura del cielo azul.  Aquellos colores, esa gama de azul. El movimiento.  El contraste de los colores. Admirando aquellas líneas. La curva de mi universo.  Aquél hermoso lienzo sobre el que se encontraba.  Obra de arte.  Lienzo de inmaculada belleza. Y lentamente los ojos dejaron de ver, se cerraron, viendo más allá de lo que se podía ver. Escuchando las voces del corazón. Gritos de esperanza e ilusión. Imaginación en las nubes. Imaginación en el mundo. Deseo y amor.  El hecho de anhelar y no poder alcanzar. Intangible, un deseo.  

Nublado


Y aquél hermoso rostro se nublaba por las lágrimas del dolor. Lagrimas de un vació pues aquél lugar en el pecho dónde una vez sintió afecto y cariño, no sentía más que el frío de aquellos recuerdos. Tan hermosa. Siempre tan hermosa.  

Amar es más allá de lo que los ojos pueden ver.   

Me gustaría


Me gustaría decirte algo. Me gustaría decirte que te extraño. Decirte que te quiero, o lo perfecta y hermosa que eres. Me gustaría poder ir a tu casa sólo para tocar el timbre, decirte que bajes y darte un abrazo. Darte un beso con toda la pasión y amor que siento. Que supieras que si te pido que película ver, es sólo porque quiero verla contigo. Abrazados y acurrucados. Acariciar tu pelo mientras estas recostada en mi pecho. Me gustaría hacerte de desayunar, comer y cenar. Todo pasa en mi mente mientras me pierdo en tus ojos, en tu rostro. Cómo me gustaría discutir por quien cuelgue primero. Despedirme con un te amo.  Darte un  beso de las buenas noches y estar en tus sueños.  Estar en tu vida. Simplemente me gustaría…

A nadie le importa


No sé si existo o para que vivo. ¿Cuál es el significado de vivir, el propósito? ¿Siquiera a alguien le importo? Vivimos en un mundo sobre poblado, ¿cuál sería la diferencia si no estoy? Soy una masa ocupando tiempo, nadie notaria mi ausencia a menos que me necesitaran para algo. Para eso parece que funciono, cuando alguien necesita algo aparezco; me conocen o existo. Mientras… soy sólo otro ente ocupando espacio y aire. Los sentimientos no existen. El hecho de sentirme solo no le afecta a nadie. Es cómo un virus, un frio que invade lentamente y te obliga a desaparecer. Raras veces me siento alegre o feliz. ¿Acaso eso existe? ¿Siquiera a alguien le importa? ¿Por qué cuándo creí que a alguien le podría importar es cuándo más me ignora? No sé que es de mi. No sé nada de mí. Ni siquiera sé que quiero. Sólo quiero huir, pero, por más lejos que esté la soledad me sigue. Me persigue y me ahoga. Necesito escapar. ¡Ayúdenme! ¡Por favor! No quiero morir solo. No quiero vivir solo, sin un propósito. Dejen de juzgarme. ¿Es muy difícil aceptarme? Continuamente me siento un trapo roto, me enredo con mis hilos de marioneta. Vivir con esa falsa sonrisa. Una máscara que no me deja respirar. Sólo existe un mundo gris y olvidado. El hambre de poder desbarata vidas y a nadie le importa. Ese es el problema… a nadie le importa.

Reasons for myself?


Haven't you hold your chest so tight in order to avoid falling apart? Trying to escape from the loneliness left by your lips. Screaming, because you're not there. Maybe the past hasn't finish yet. Maybe you are still in my mind for a reason. A reason I cannot understand. The look of your eyes. The curve of your smile playing with the beauty of your nose. Maybe I'm not ready to let you go. Maybe I want to feel alive. Feel alive other five minutes with you. Be happy. Be me. I understand something; I miss you when you are not around. I miss when I cannot talk with you, be with you. I do not want to cry, but I cannot face this raising feeling inside me. I am not so strong. I played forgetting you, and all was bullocks. Rubbish of my mind. I kind of love you, but I don't understand myself. Sorry...

Perla


A veces tengo miedo de salir de mi casa. De  ver un mundo lleno de bestias. Bestias que por más que comen nunca  llenan sus bolsillos. Que se matan entre ellos. Se pisan y masacran. Bestias que destruyen su hogar. Destruyen sus pulmones y los cambian por monstruos. A sus hermanos, los masacran, se los comen e, incluso, se los visten. Decoran con ellos sus paredes, sus pisos y sus pies.  Son esclavos de unos grilletes electrónicos y aman la soga de su cuello. ¿En qué momento la tierra se volvió más sucia que el petróleo? ¿Por qué vestir unas falsas pesuñas? Todos tienen la misma piel de diferentes colores. Iguales todos. Olvidaron sus sentimientos. Olvidaron lo que era ser un ser humano. Ahora, disfrazan su bestialidad con una falsa humanidad. Cortan y niegan su cuna. Frutos de la tierra. Frutos de la vida. Los colores los cambian por blanco, gris y negro. Nadie sonríe. Nadie ríe. Nadie ama. Sexo, poder y dinero. El romance se olvidó y se convirtió en el fin para un medio. Nada está bien, se olvidó lo que era. El verde se va y no regresa. El azul se vuelve gris y el blanco ya no existe. Y lentamente la perla azul se convierte en roja. Y todo se acaba. Todo se olvida.

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