Y de mis creadores no pude escapar,
la enfermedad me maldijo. Locura e ira mezcladas. Las voces que te llaman
atormentando la cordura, escondiéndola, matándola. Las voces que te dicen que
eres el culpable. Te obligan a hacer esas acciones. Matar; es como tener sed.
No lo puedes callar hasta que lo haces.
Mi padre era un soldado, o al menos eso me dijo mi madre. Matar era
fácil para él, simplemente lo disfrutaba. Mi madre… a ella solo le interesaba
lo que tenía el pantalón de mi padre, y el dinero. Siempre el dinero. Ladrones,
prostitutas, asesinos, violadores familia muy noble; de la alta cuna, ser
soldado era un negocio productivo. Matar y saquear a cambio de violar y una
paga. No era de esperar que disfrutara degollando a mis victimas. Una
violación. Sentir el desgarre de su carne, sus gritos de dolor mientras la ira
y el placer fluían por mi cuerpo. El sudor de los dos cuerpos, el olor de la
sangre. Las voces lo disfrutaban conmigo. Por unos momentos los sentía callarse
y sonreír. Después de la violación les cortaba un mechón de pelo. Tenía que
conservar el recuerdo. Su olor. Tomaba su cabeza entre mis manos y las miraba
mientras el miedo escurría por sus mejillas; cristalino, salado y puro.
Disfrutaba ver sus miradas antes de matarlas. Con un cuchillo presionaba
ligeramente la carne de sus cuellos. Sentía el crujir de la piel separarse, el
calor de la sangre mientras escurría por mis dedos y lentamente lo deslizaba.
El último grito de dolor seguido de un murmullo. Por favor. Palabras que se
callaban con un sorbo de sangre y el cuchillo. El olor de la sangre, caliente y
metálico. Nunca fue mi culpa ser así. Nací así. Asesino y violador. Sus cuerpos
desnudos. Ensangrentados. Los miraba una vez más y los mandaba a nadar. Para el
momento en el que la encontraran la belleza habría sido arrebatada por acciones
del agua y el proceso natural. Una cara deforme. Un vientre hinchado por la
podredumbre de las viseras y probablemente el olor más repugnante de su vida.
La piel blanca probablemente verdosa emanando el olor rancio de su cuerpo
hinchado. Los ojos en blanco y sin luz. Si dejé algo de sangre, no fallaran las
sanguijuelas, del resto se encargaran los gusanos. Todo un bonito cuadro para
aquél que la encuentre. ¿Victima de mis padres o castigo divino? EL problema es
que no puedo dejar de matar, lo disfruto, es fácil y la guerra se acabó. No
puedo ser soldado así que mejor seguiré matando prostitutas. Me recuerdan a mi
madre. Al fin y al cabo debe sobrevivir el más fuerte para que continúe la
herencia.
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