Un reloj de buró


La cama se agitaba en un trémulo remolino. Las horas avanzaban sin poder conseguir el sueño. Se había obligado a no llorar. Repetía una y otra vez el mismo patrón de sentimientos: enojo, tristeza, frustración, desolación, desesperación… sentía que se ahogaba en la soledad de las sábanas, sudaba pero tenía frío. La ausencia de tu cálido cuerpo lo enfermaba. Una estaca atravesando su cuerpo dolido lo mataba. Para ti sería fácil, sólo debías ir al bar más cercano y sentarte un momento; algún transeúnte de domingo te invitará dos o tres tragos y te hará una plática mediocre. Después de un rato te invitará a salir de ahí y podrás pasar la noche en alguna cama. Sólo esperaba que al salir el Sol la diversión hubiera valido y encontrarás calor en las sábanas ajenas. Anhelaba que la soledad de tu corazón no fuera mayor al tacto de un extraño. Deseaba que aquellas caricias te hicieran sentir feliz y olvidarás tus tristezas, si es que encuentras alguna. Es fácil huir del amor, mientras no te haya intoxicado completamente, o de lo contrario perderás la cordura en  un arrebato irracional de celos y odio. Una de la mañana...Dos de la mañana...y las luces verdes, pálidas y constantes del buró. ¿Por qué te fuiste sin pelear, sin luchar? Tu indiferencia le dolía más. Las sonrisas vacías que saturaban sus recuerdos.¿Cuántas veces dijiste te amo sin sentirlo? ¡No vuelvas a decirme el mismo te quiero que le dices a cualquiera que te planta un beso! No me mientas. Ya soy un nombre más que tachar en tu lista. Tres de la mañana...Cuatro...Cinco…¡Ti! ¡ti! ¡ti! ¡ti! Momento del trabajo. ¡ti! ¡Ti! ¡TI! El ruido lograba apagar un poco los pensamientos. Abrir la llave y meterse con el agua fría. Se siente como agujas al principio pero no tiene ánimos de nada.Se viste sin importarle su apariencia, es un requisito social aunque no tenga ganas de ver a nadie. Tomarse un vaso de leche. Tomar las llaves con tu estúpido llavero. Prender el auto. Manejar en el tráfico sabiendo que llegará tarde. No le importa, le caga sau trabajo mediocre. Se sienta en la oficina y escucha como le gritan. Siente los ojos de sus compañeros que disimulan sus miradas curiosas. El jefe señala su reloj con ira, para él el movimiento y el sonido son algo sin importancia, puede ver la vena en su cuello rojo. Sus gestos llenos de enojo, creo que lo amenazó con despedirlo. Tiene una mancha en la camisa blanca, para ser más exactos tiene la misma mancha del café del viernes. Volvió a dormir en el auto. AL menos el jefe también es miserable con su esposa. Sonrie...

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