Una vez más jugueteo con esta pistola. Le doy vueltas y vueltas. El tambor está cargado con una bala y en estos momentos deseo que sea la ganadora. No puedo soportar las imágenes en mi cabeza. Las palabras que amargamente me dijiste. El dolor es recurrente y parece que la única escapatoria es esa. Gira. Gira. Gira. Jalo el gatillo. Tick. Una vez más. Quizá sea la buena. Gira y gira y tick. No tengo el valor para poner la bala cargada y dispararle. En estos momentos creo que será lo que tenga que ser. Si muero bien. No creo que nadie se inmute. Ya no aguanto los gritos en mi cabeza. EL dolor es más intenso. Una lágrima desliza mi rostro. Un gusto salado y amargo. Gira. Por favor que esta sea la buena. Tick. ¿Por qué no puedo morir? Sólo quiero tranquilidad. El frio del metal se empieza a sentir en mis dedos. Detener el revólver, apuntando a mi frente, se hace cada vez más pesado. De haber sido una lágrima, única y solitaria, se ha convertido en un mar de lágrimas que hinchan los ojos e impiden la respiración. Sólo quiero que acabe. Termínalo. Un pum y todo se volverá silencio. Quizá ni lo sienta. Una vez más junto el valor, le doy la vuelta. Gira. Gira y…
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