Arena y mar


Sentado a la orilla viendo cómo crece lentamente la marea. La luna llama a las olas y las seduce con su blancura. Mientras dibujo en la arena, sin darme cuenta volví a escribir tu nombre.  El sonido de las olas ensordece mis oídos mientras veo que se acercan peligrosamente a tu nombre. Sé que es inevitable, más no quiero que lo borren. Quiero que quede gravado ahí. Eternamente en la arena. Grabado al igual que en mi mente. Cual niño chiquito, construyo una barrera frágil de arena, un castillo,  para protegerte de la inmensidad. Una barrera que desaparece mientras intento con desesperación contener el agua. La espuma blanca comienza a reemplazar la parte superior de las letras. Es como si partieras. Como si el hecho de que tú nombre hubiera estado escrito,  externalizara tu presencia. Te convocara de mi mente. Me daba serenidad. Me hacía extrañarte menos. Deseaba que estuvieras conmigo. Que pudieras ver las olas del mar. Abrazados y riendo. Cómo lo hicimos la primera vez. Todo se desvaneció tan rápido. Como el castillo de arena que construí para defenderte.  Nunca pudimos contra las olas del mundo. Contra nuestro interior. ¿A qué le habremos tenido tanto miedo? Lo hermoso no siempre es peligroso. Viendo la obscuridad del agua, el reflejo de la luna y lo único que deseo es volver a tener tus labios.  Sentir tu pelo bailar con la brisa marina. ¿Dónde estás? Te necesito. Te extraño. Enfrente del mar me siento débil e insignificante. Tanta fuerza. Por más que intento no amarte. Por más que intento olvidarte. No puedo. El viento me obliga a abrazarme y sólo deseo que estuvieras aquí. Una vez más. Una vez más construyendo castillos de arena conmigo. Una vez más construyendo sueños juntos. Desapareciste como arena en la marea. Estoy sólo y te echo de menos. Vuelve. Podemos construir un castillo más grande. Un castillo más fuerte.

El amor


Primera fase: la negación
                “No me gustas. Sólo amigos”
Segunda fase: Enojo
                “Te odio. Siempre me tratas así”
Tercera fase: negociación:
                “Bueno tal vez si no fuéramos amigos.”
Cuarta fase: Depresión
                “Desearía no conocernos. Nunca hubiera pasado esto. Ahora ya no existe nada.”
Quinta fase: Aceptación
                “La verdad es que te quiero más que como amigos.”

Inevitable….

Títere


Mira mis hilitos. Soy una persona de verdad. O eso intento parecer. Intento esconder mis sentimientos, si es que tengo. Creo que nunca me tallaron un corazón. Puedes jugar conmigo. Soy tu marioneta. Tu títere. Cuidado de no enredar los hilos. No me vayas a romper. Si ves una gota derramar de mis ojos probablemente suda la madera. Yo no siento. Yo no lloro. Sólo juega conmigo un rato. Hazme creer que soy de verdad. Hazme creer que soy de carne y hueso. Borra la tristeza, píntame chapitas y una falsa sonrisa. Tállame. Modifícame. Disfraza todo lo qué nunca te gusto. No me importa, siempre puedes volver a empezar. Cuidado con mis hilos que pierdo movilidad. No los separes de tus dedos. No me importa déjame estar otro ratito contigo. Pronto llegará otra marioneta. No me tires. Ponme en tu vitrina. Juega. Juega. Soy tu títere. Mueve tus deditos. Pero… quizá quiera que me talles un corazón. Aunque sea frío y duro. Quiero creer que soy real. Quiero creer que no soy sólo una marioneta. ¡Mírame soy de verdad! ¡Mírame creo que puedo sentir! 

No te vayas


¡Paren el tiempo! Por favor que no suba a ese avión. Que no se vaya pues, si se va, sé que no volverá. La extrañaré y no puedo soportar la idea de no volverla a ver. Siento que me parto en dos. Te llevas algo más que las maletas. Te llevas mi vida, mi corazón. Lo peor es que nunca lo supiste. Siempre tuve miedo. Nunca fui lo suficientemente fuerte para decirte que te quería. Siempre tuve miedo de tu rechazo. Miedo de mí. No sabía qué hacer. Tenía miedo de perderte y ahora te vas para siempre. Te vas y no te volveré a ver. Me duele creer que con el tiempo me olvidarás. Que con el tiempo sólo habré sido alguien más en tu vida. No te vayas. Vuelve. Y si… te digo que te amo. ¿Te quedarías? Podría convencerte de que nunca te fueras. De que te quedarás conmigo. En cierto modo te necesito. No te vayas. ¡Detengan ese avión! ¡Paren el tiempo! ¡Quédate conmigo! Por favor no te vayas. 

Egoísta


No me importa si te amo o te quiero o lo qué sea. Lo único que me importa es que me haces feliz. Tal vez suene egoísta y la verdad es que lo es. Soy un egoísta por querer quererte. Soy  un egoísta por desear que no te vayas. Por desear que estés bien.  Soy un egoísta porque si no te veo no dejo de pensar en ti. Necesito saber que estás por ahí. Qué no te has ido. Soy dependiente de ti, mi mundo gira a tu alrededor. Si estoy de buenas es por ti. Sé que es difícil lidiar con una vida y sin embargo, cargar los sueños de otra es una tarea titánica. Me gustaría decirte que lo siento pero, estaría mintiendo. Haberte conocido ha sido lo mejor que pudo pasar en mi vida. No cambiaría nada por ese momento. Y si, mis palabras te lastiman, recuerda que duelen más las mentiras. Duele más saber cuándo ya es muy tarde. Te pido disculpas si en algún momento mi egoísmo te hizo daño, más debes saber, que siempre fue con la mejor intención.  Si lo que quieres es que me marche… supongo que lo haré, pues necesito que seas feliz para querer existir.

Medidas de seguridad


·         -Si escuchas un ruido extraño no averigües que es. Principalmente si es el sonido de un bebé y no tienes.
·         -Nunca te bañes después de las doce y evita las cortinas de baño y las tinas.
·         -Si corres algún peligro protégete bajo las sábanas o detrás de las cortinas. Las telas son muy poderosas    contra monstruos, espíritus, asesino o lo que sea.
·         -Si la televisión muestra ruido apágala, no querrás contraer alguna maldición.
·         -Siempre revisa bajo la cama, en la parte trasera del coche o en la parte de atrás de la puerta.
·         -No aceptes dulces o cualquier otro regalo tentador.
·         -Si es un pasillo muy obscuro y largo o sucio como abandonado, da la vuelta y busca otro camino.
·         -Evita los sitios con luz fría y que además este parpadeante o literal, las lámparas/focos se estén cayendo.  No falta el típico cable cayéndose.
·         -Por lo general si intentas escapar evita las piedras (seguro tropezarás o te romperás una pierna) y las cercas (no la podrás brincar) a y muy importante fíjate por dónde vas, no querrás estamparte en una pared o puerta o simplemente caer a un acantilado.
·        - Evita los ventrílocuos, muñecas de porcelana o de ojos vidriosos o cualquier juguete con más de 5 años y que tenga un aspecto, digamos, curioso.
·         -Nunca le des aventón a una persona que tiembla, no habla y tiene rastros de sangre o estrés post-traumático y si te dice que no vayas en esa dirección, hazle caso. Probablemente viene de una mascare.
·         -Evita carreteras secundarias o rurales después de las once de la noche en especial si es con neblina o tienes que atravesar un puente de madera antiguo o techado.
·         -Si ves niños de aspecto extraño jugando en un bosque y se aparecen en todo momento, no les hagas caso y escapa.
·         -Si ves un pueblo fantasma, evita las gasolineras o tiendas de autoservicio, el policía raro del pueblo o al único habitante que tiene un ojo cerrado o alguna otra deformación (no es por juzgar).
·         -Asegúrate de cerrar siempre con llave la puerta y tener bien cerradas las ventanas.
·         -Si la vendedora de bienes raíces te ofrece una casa muy barata y sin responder muchas preguntas, o un mal papel tapiz o que apareció en el periódico local por un múltiple asesinato…¡No la compres!
·         -Revisa los planos del inmueble y revisa por paredes que tapen puertas, o cuartos ocultos y principalmente pozos.
·         -Después deberás revisar la utilidad que le dieron,  ya que si fue funeraria, burdel, cárcel o se utilizaba para algún acto sobrenatural, no querrás pasar la noche ahí.
·         -Si te llega el rumor de una leyenda, maldición o matanza en un pueblo o sus alrededores evita estar durante la noche.
·         -Si tratas de escapar de alguna amenaza no olvides las linternas, las llaves, el arma que hayas escogido utilizar y si es preferible ¡qué sea de día!
·         -En el momento en el que pierdas la señal en el celular o GPS o cualquier medio de comunicación que tengas regrésate. Es probable que te dirijas a alguna trampa o algún sitio maldito.
·         -Si un tipo extraño te dice que lo sigas avisa a dónde vas. Probablemente este loco o sea un asesino.
·         -Evita coleccionistas de insectos o cosas raras; las polillas no son buenas.
·         -Si crees que viste algo detrás de tu espejo (algo así como un niño o algún demonio o ser humano con ojos rojos) tíralo, cámbiate de casa y hazte una limpia.
·         -Si el teléfono suena en un momento siniestro y misterioso no contestes. Te están diciendo o tu tiempo de vida o que el asesino ya llegó.
·         -Nunca de los nuncas se separen, si no son los de Misterio a la Orden (ni que tuvieras a Scooby-Doo. Ni por muy bonita, ni por muy fuerte que estés sobrevivirás. Si estas enamorado es probable que sobrevivas, a menos que ya estés casado y con más de veinticinco años y tengas panza.
·         -Animales, enfermedades, bacterias o virus extraños y/o alterados biológicamente/genéticamente probablemente causen muertes amsivas o el Apocalipsis. E-V-I-T-E-L-O-S.
·         -Si es la mujer más hermosa que has visto en tu vida y tiene tics raros o le cambia la voz maldiciendo en otros lenguajes y con voz muy grave y demoniaca ni lo dudes huye y di que te acosa.
·         -No te cruces con científicos locos o que les hayan cancelado su investigación por “eventos curiosos” o “falta de moral”. No querrás terminar siendo un experimento.
·         -Si alguien que tuvo estrés post-traumático y eso derivo a múltiples actos criminales de menor impacto (robo o peleas) y te dice que presenció un asesinato o que el vecino hace cosas raras en su garaje.¡¡ Créele!! Es probable que encuentres a tu asesino serial.
·         -Si tienes la oportunidad de matar al agresor sea monstruo, asesino u espíritu, no te conformes una vez, mínimo dos y lo más lejos que puedas. No dudes que se levantará y te querrá matar. No es que esté muy contento porque lo quisiste mandar a volar. Si crees que ya te salvaste probablemente debas revisar dos veces.
Bueno, siguiendo estas medidas de seguridad, es probable que puedas sobrevivir.

Perfección


Me pregunto por qué siempre buscas la perfección y no puedo comprender mi ceguera. La realidad es que para mí siempre has sido perfecta. Nunca he visto algún defecto en ti.  Nunca he creído que seas fea o gorda, siempre te he encontrado con una belleza deslumbrante. Nunca encontré que fueras tonta o boba, siempre fuiste más inteligente que yo. Podía pasar horas escuchándote hablar.  Escuchando en silencio y poniendo atención en cada ínfimo detalle. Quizá me distraje un poco por tus labios pues a menudo deseaba besarlos. Para mí nunca fuiste un desperdicio en el espacio o un fracaso. Te admiraba. Simplemente eras perfecta. Única. Hermosa. No podía dejar de pensar en ti. No podía pensar en otra. Tu nombre. Tu rostro. Tu cuerpo. Secuestraban mis pensamientos y mis sueños. Dormía pensando en ti, y a menudo, parecía que nunca me llegaba a levantar. Mis ojos simplemente miraban el espacio, mientras mi mente observaba y admiraba la perfección de tu persona. Créeme que nunca quise poseerte y siempre intente quererte, pero a veces tanta perfección me intimidaba. Me asustaba. Quizá por eso temía decirte lo que sentía. Quizá por eso temía lo que pensarías. Algo tan perfecto no podía estar con algo tan imperfecto. Lleno de errores. Lleno de desperfecciones. Lleno de miedo. Un opuesto, más siempre estuve cerca por si necesitabas llorar o gritar. No te imaginas cómo te quise en mi silencio. Cómo te guardé en mi corazón. 

Confesiones


Ahora sé que no me puedes ver a los ojos, y cuándo lo logras, al menos, no me ves de la misma manera.  Lamento que las cosas pasaran así. Te juro nunca fue mi intención y por alguna extraña razón no le puedo echar la culpa a nada ni nadie. Ni siquiera al tan excusado destino. ¿De quién fue la culpa? Nunca quise enamorarme de ti. Nunca quise sentir esto por ti. Lo sentía antinatural. Iba en mi contra, mucho tiempo luche contra él y no pude. Las confesiones me están matando pero, me siento libre. Me duele y lo necesitaba.  Romper una costumbre, dejarme de mentiras y autoengaños. Ahora por lo menos lo sabes. Lo que más duele es tu mirada. No sé descifrarla. No sé qué significa. Está perdida. Confundida. Me duele ahora. Eres mi confesora. Preguntaste y contesté.  Vete. Déjame y no vuelvas. Me siento mejor pero necesito tiempo. Algo me duele y no sé que es. Lárgate. Huye. Escapa como acostumbras. La verdad duele… y duele mucho. Pero. Prométeme una cosa. Prométeme que no me olvidarás. No podría sobrevivir.  Déjame huir. No puedo con la vergüenza. Déjame ocultar el rostro. Creí librarme pero me enredé más. No puedo dejarte ir.  No sé si es esperanza o más dolor, pero algo me invade. Quema como el hielo y me calienta como el fuego. Mi rostro se humedece y no tiene sentido. No sé qué pensar. Cállense. Déjenme. No me atormente más. Por favor. Se los suplico. Déjenme ser libre.  Sal de mi cabeza. Toma mi corazón pero déjame. No me arrepiento del tiempo que pasé contigo. Te extraño y no te has ido. Quiero regresar a mi falsa cordura. A mis falsos sentimientos. Al menos ya sabes mi confesión. 

Los hombres no lloran


Y así dijeron todos: Los hombres no lloran y con esa idea te hacen crecer. Te dicen que el que llora es débil. Te enseñan a encapsular tus sentimientos, encerrarlos y callarlos. Dejar de ser tú y unirte a los demás. Ser seres idénticos y en serie. Dejar la originalidad y la libertad. Negarte. Los hombres no lloran. ¿Y cuándo se siente dolor? ¿Frustración? ¿Impotencia o tristeza? Ese nudo en la garganta cuándo ya no sabes que hacer. Cuándo ya no sabes que sentir, que hacer. Esas veces en las que lo único que se hace es morderse la lengua tragando, aguantando el llanto. Y si, a mi me enseñaron que los hombres no lloran. Vaya falacia. Vaya sociedad

Herencia


Y de mis creadores no pude escapar, la enfermedad me maldijo. Locura e ira mezcladas. Las voces que te llaman atormentando la cordura, escondiéndola, matándola. Las voces que te dicen que eres el culpable. Te obligan a hacer esas acciones. Matar; es como tener sed. No lo puedes callar hasta que lo haces.  Mi padre era un soldado, o al menos eso me dijo mi madre. Matar era fácil para él, simplemente lo disfrutaba. Mi madre… a ella solo le interesaba lo que tenía el pantalón de mi padre, y el dinero. Siempre el dinero. Ladrones, prostitutas, asesinos, violadores familia muy noble; de la alta cuna, ser soldado era un negocio productivo. Matar y saquear a cambio de violar y una paga. No era de esperar que disfrutara degollando a mis victimas. Una violación. Sentir el desgarre de su carne, sus gritos de dolor mientras la ira y el placer fluían por mi cuerpo. El sudor de los dos cuerpos, el olor de la sangre. Las voces lo disfrutaban conmigo. Por unos momentos los sentía callarse y sonreír. Después de la violación les cortaba un mechón de pelo. Tenía que conservar el recuerdo. Su olor. Tomaba su cabeza entre mis manos y las miraba mientras el miedo escurría por sus mejillas; cristalino, salado y puro. Disfrutaba ver sus miradas antes de matarlas. Con un cuchillo presionaba ligeramente la carne de sus cuellos. Sentía el crujir de la piel separarse, el calor de la sangre mientras escurría por mis dedos y lentamente lo deslizaba. El último grito de dolor seguido de un murmullo. Por favor. Palabras que se callaban con un sorbo de sangre y el cuchillo. El olor de la sangre, caliente y metálico. Nunca fue mi culpa ser así. Nací así. Asesino y violador. Sus cuerpos desnudos. Ensangrentados. Los miraba una vez más y los mandaba a nadar. Para el momento en el que la encontraran la belleza habría sido arrebatada por acciones del agua y el proceso natural. Una cara deforme. Un vientre hinchado por la podredumbre de las viseras y probablemente el olor más repugnante de su vida. La piel blanca probablemente verdosa emanando el olor rancio de su cuerpo hinchado. Los ojos en blanco y sin luz. Si dejé algo de sangre, no fallaran las sanguijuelas, del resto se encargaran los gusanos. Todo un bonito cuadro para aquél que la encuentre. ¿Victima de mis padres o castigo divino? EL problema es que no puedo dejar de matar, lo disfruto, es fácil y la guerra se acabó. No puedo ser soldado así que mejor seguiré matando prostitutas. Me recuerdan a mi madre. Al fin y al cabo debe sobrevivir el más fuerte para que continúe la herencia.

Problema


El problema es que mientras me preguntaste en que pensaba te mentí. La verdad me daba pena decirte que en lo único en lo que pensaba es en cada ínfimo detalle que hace que desee con más fuerza gritar con locura que te amo. Que cada que sonreías, cada minúscula parte de mi cuerpo se fijaba en la curva; en tus labios, o como simplemente miraba tus ojos. Por supuesto era más fácil mentirte y decirte que no pensaba en nada. Era mucho más fácil que tener que admitir como mi corazón late con más fuerza e incluso, podría apostarte que si pusieras atención,  podrías observar cómo te veo a través de mis ojos. Podrías comprender todo lo que siento por ti. Mi problema es no poder decírtelo. 

Ojos cerrados


Y yo que me preocupaba por perderte, nunca me di cuenta que nunca te tuve. Nunca pude ver que ya te habías ido. Una vez más olvidé el momento. Cerré los ojos mucho tiempo, soñando un futuro inexistente. Un futuro que se construye en el presente. Un presente olvidado y abandonado.  Ahora simplemente me pregunto cómo olvidarte. ¿Cómo hacer algo que no sé? ¿Cómo hacer algo que nunca aprendí?  Juro querer olvidarte, sin embargo sigues presente. Tu nombre. Tu rostro. Perdí lo que nunca tuve. Soñé lo que siempre quise y nunca viví lo que pude. Ahora sin futuro, sueño poder cambiar el pasado, pero la puerta se ha cerrado.  Vuelve, un grito que no logró salir de mi garganta. La sequía de tus besos y el ardor de la falta de tus caricias. Desesperado y solo. Todo por no ver lo que estaba enfrente; por pensar lo que nunca fue. Te alejaste en silencio y no me di cuenta. Sin decir adiós. Solo. El silencio de mis pensamientos me aterra. ¿Dónde quedaste? ¿A dónde te fuiste? Hoy, solo puedo aprender a olvidarte. Ahora que te vas, es tiempo de olvidar. Tiempo de sanar.  Abrir los ojos.

Un cajón para jugar


Simplemente lo volviste a hacer. Abriste el cajón. Sacaste otro corazón y te pusiste a jugar con él. Lo estrellaste, aplastaste estiraste y rompiste. Ahora recojo tus deshechos y los tiro a la basura. Lo tomaste. Decidiste jugar un rato con sus labios. Tentarlo. Acariciarlo. Le hiciste creer que lo querías. Pobre ingenuo, sí sólo era otro corazón más del cajón. Tienes otro bonche para jugar con. Tú los rompes y yo limpio. Así funciona.  Juega otro rato diviértete hasta que te aburras. Al fin que siempre encontrarás tu cajón lleno.  Ve. Juega y diviértete. Rompe los corazones. Se feliz. Toca. Siente. Vive. Besa. Yo me encargaré de cuidarte.

Piensa


Cada vez que intento hacer una cosa bien parece como si lastimara o decepcionara a alguien. ¿Por qué no puedes estar orgulloso de mí? ¿Por qué no me puedes amar? ¿Por qué no me tomas como soy? ¿Por qué me quieres cambiar? No es de esperarse que la realidad parezca más bien una pesadilla. Razón por la cual prefiero recurrir a mi mente, a mis sueños, a mis fantasías e ilusiones. Al menos en mi cabeza puedo hacer lo que quiero. Lo que sueño. Simplemente tengo que desearlo. Imaginarlo. Pensarlo. Lo logro sin la menor dificultad; aquí en la tierra hay muchas leyes. Leyes de la física. Leyes de los números. Leyes morales. Leyes civiles. Leyes judiciales. Siempre diciéndote lo que se puede y lo que no. Estableciendo tu comportamiento. Tus movimientos. Tus ideas y pensamientos. Limitando la libertad y la creatividad. Creando la imposibilidad donde quizá todo es posible. En la mente no existen esas leyes. Podemos volar. Podemos correr sin agotar. Cantar. Brincar. Hacer lo que se desee. Ese pequeño duende que me guía por el camino y me ayuda. Imaginación. Cada vez se va perdiendo. Muere poco a poco en un mundo gris. Dónde ser diferente es juzgado.  Criticado y segregado. Dónde se ríen del que dice que es posible. Al que arrestan por creer que algo está mal. Dónde decir que existe una falla en el sistema es motivo de represión y dominio. Donde el miedo se disfraza de moral y ética. La pobreza alimenta la nobleza. Dónde la sed de dinero mata dejando manos limpias y vidas en lágrimas. Corazones rotos. Dónde se ataca antes de conocer. Dónde hay débiles y fuertes. Un mundo que disfraza la equidad en castas y sectas. No es de extrañarse que simplemente decida ir a la utopía de mi cabeza. No es de extrañar que se desee morir. No es de extrañar que se pelee con sangre. ¿Qué es acaso lo que esperan? ¿Qué los que sueñan decidan callar? ¿Qué no puedan sonar? ¿Qué no puedan imaginar? Democracia. Capitalismo. Estado. Soberanía. Gobierno. Constitucionalismo. Voto. Palabras de poder disfrazadas en libertad. Quizá es momento de que las rosas vuelvan a tener espinas. Momento de que se pinchen el dedo los que quieren sólo poseerlas. Momento de volver a ser humanos. Momento de volver a soñar. Momento de vivir. Enciende la llama de tu corazón.  Lucha por lo que eres. Por lo que quieres. Por la libertad. Por el amor. Por la igualdad.  Alza el canto y vuela libre sin miedo. A la única persona que nunca puedes decepcionar es a ti.

Espejo roto


Una vez más miro el reflejo. Aún roto no se deja engañar. Muestra mi realdad y me desenmascara Muestra la hipocresía con la que me autoengaño. Ni siquiera se puede ocultar con mi ira, rompiéndolo.  Este espejo muestra quien soy. Muestra la verdad. Las risas que son lágrimas y llanto. Las carcajadas que no son más que gritos de desesperación y dolor. Gritos en silencio. Gritos en olvido. Mira más profundo, esa falsa sonrisa que no es más que una mueca triste. Esa mueca sin forma.  Ojos que se ven vacios. Abandonados. Solos. Sin alma si es que eso existe. Como si algo en el fondo se hubiera roto. Se hubiera ido. Vacios y sin fondo. Un hueco sin luz. Trozos de cristal ensangrentados por el piso. Caos en mi mente. Caos en el espacio y tiempo. El tiempo se congelaba. El sonido no llegaba y el aire ausente se encontraba. Todo lo que se encontraba estaba desecho. Un espejo y lo que quedaba de mí. Todo roto, y sin embargo, lo menos roto era el espejo

Mucho músculo


Porque simplemente soy feliz al verte sonreír. Esos diecisiete músculos que al contraerse me enamoran. Sin embargo dentro de esos diecisiete me gustaría un total de sesenta y ocho. Sesenta y ocho para poder besarte. Treinta y cuatro míos y treinta y cuatro tuyos. Esas pequeñas fibras rojas que hacen esa mueca que tanto me gusta. Tanto esfuerzo vale la pena. Mucho músculo para hacerme feliz. Mucho músculo para hacerme soñar.

Ligeramente


Todo parece indicar que estamos ligeramente desfasados.  Compartimos tiempos ligeramente diferentes. Tenemos edades ligeramente diferentes. Ligeramente tenemos ideas diferentes. Parece que nada importa pues sé que te amo, pero la realidad me es diferente. Esos “ligeramentes” son los que me están matando. Es ese ligero tiempo en el que no te puedo ver. En el que no te puedo hablar. Ese ese, el que me mata. Esa ligera diferencia en la que no sé qué decirte. El momento en los que te extraño. Me estremezco al pensar que es lo que piensas. Tengo miedo de no tenerte, de saber que no estarás nunca más cerca y por más que lo quiero desaparecer el ligeramente siempre está ahí.  Siempre me persigue y parece que conspira contra mí para no poder amarte más. Arrancándome ligeramente el corazón por ti y no sé que más hacer. Te amo y no hay nada que pueda hacer. Ligeramente tendrán que desaparecer. Ligeramente sé que me empalmaré. Ligeramente sabrás que te amaré.

Dos letras: TU


¿Quién es? Tu. ¿De quién te enamoraste? Eres tú. ¿De quién te robarías un beso? Eres tú. ¿Con quién sueñas? Tu. ¿En quién piensas? Eres tú.  Siempre las mismas dos letras. T y U. Contiguas en el abecedario. Respuestas de tus preguntas. Letras en mi mente. Simplemente entraste en ella y no te puedes salir. Dos letras con una significativa tan grande.  El problema no eres tu sino que simplemente no sé si te quiero o te amo. Tan difícil es descifrar el significado de esas dos letras en mi mente. Letras que se transforman en un nombre. Letras y más letras. Todas con una conexión tan intiman que alteran mis condiciones fisiológicas. Alteran mi mente.  Mis latidos. Mi respiración. Mis sueños. Dos letras que se convierten en la ilusión de un futuro. Se convierte en esperanza. En alegría. Tú. Siempre en mi ser, con una fuerza tan abrumadora que me robas de la realidad. Me escapo. El simple hecho de estar a tu lado me hace feliz. No necesito hablar. No necesito mirarte. Sólo saber que estas ahí, a mi lado. Esas dos letras que se convierten en una suma cuando pienso un TU+YO. Me gusta imaginar a que sería igual. Dos letras que se transforman en más letras. Dos letras que revolotean en mi realidad y mente. Sólo eso. Dos letras con un significado más allá del diccionario.

Pena de muerte


-¡¿Y por qué los mataste?!
Siempre la misma pregunta. Querían encontrar una respuesta para no matarme. Mi última oportunidad. Simplemente no les quería contestar. Era una salida más fácil a tener que admitir la verdad. Los maté porque a mí nadie me quiere. Lo pensaba una y otra vez. Por su chingado amor los maté. No podía tolerar estar sentado en esa banca del parque mientras se amaban. Se amaban con tanta intensidad y yo los maté.
         Desde que recuerdo, nunca nadie me quiso. Mi padre abandonó a mi madre cuando le diagnosticaron esa horrible enfermedad con duración de nueve meses. Aún así, la idea del aborto no le parecía. (*De lo contrario quizá esos dos no estarían muertos*). En cuanto nací, decidió abandonarme a  mi suerte en un puto orfanato de mierda. Al estado tampoco le importaba, nunca registraron mi entrada al orfanato. Nunca tuve más ropa que los jirones que los más grandes tiraban, nunca comí más de lo que sobraba en la mesa.  Las maestras ni siquiera podían recordar mi nombre. Nunca hablé, ni lo necesité. Los demás niños me escupían, mordían, pegaban y molestaban por eso, más nunca lloré ni me defendí. Se podía decir que me limitaba a respirar. No entendía lo que eran los sentimientos e incluso, creí no tener. No fue hasta que crecí que comprendí la humillación, el dolor y el rechazo. Las hormonas, corazón, cerebro, o cualquiera de esas mamadas a las que se les adjudique, me hicieron creer estar enamorado de una que otra niña y la respuestas siempre eran las mismas: ¿Tu quién eres?, ¡No!, ¿Cómo por qué?, Ni loca, ¿Por qué haría una tontería así?, Ni tan necesitada o simplemente una mirada acompañada de un ¡Piérdete!. Las mujeres son peligrosas y crueles sobre todo cuando saben que son hermosas.
         Decidí ignorar todo este pasado, dejarme humillar y crecer. Ahora que lo pienso, ni siquiera sé como conseguí ese empleo puñetero. ¿Acaso?, era la soledad de limpiar pisos en la noche en ese lujoso edificio de cristal en el Cartier du Commerce. Disfrutaba estar con mi soledad, con mis sombras y pensamientos. Ganaba lo suficiente para comer y me dejaban dormir, vivir, lo que fuera; existir, en un cuarto al sótano del edificio. Mi catre se encontraba al lado de la caldera central. Nunca fui buen escritor, ni buen escultor, ni buen pintor, mucho menos dibujante, simplemente no era bueno en nada. Parece que el hecho de pulir pisos a diario me había hecho relativamente bueno en esa área. Fue un lunes que decidí salir a comer y dar una vuelta por el parque. Observar el mundo. No sabía que no lo pudiera tolerar.  Un mundo intolerante al que no podía tolerar.
         Esa linda parejita se sentó en el pasto bajo el gran árbol frente a mi banca. Platicaban. Reían y se besaban. Llenaban de alegría el ambiente, incluso robaban las sonrisas de los transeúntes que pasaban y añoraban un amor similar, pero, eso no sucedía en mi interior. La ira iba creciendo. Una profunda rabia que no sabía explicar origen ni causa. Sentía la presión de mis dedos apretarse con mis puños. Mis dientes rechinar. La voz de mi cabeza gritaba cada vez con más fuerza. ¿Por qué nadie me quiere así? ¡Mátalos! ¡Mátalo, se lo merecen! Las lágrimas de ira e impotencia se deslizaban en la pista de mis mejillas mientras los miraba con odio puro y negro. Cada caricia. Cada beso. Cada cariño era un maldito golpe a mi pecho. Una cachetada. Un recuerdo del rechazo y humillación que había sufrido. Me paré. Lentamente me les acerqué y lo golpeé. Le tomé la cabeza y la azote repetidamente contra el piso mientras oía el crujir del cráneo. No me importaba que me salpicara de sangre.  Lo único que quería era que su rostro se desfigurara mientras se convertía en una masa amorfa y grotesca. Hasta que dejó de ser un rostro. Me volteé y a gritos de desesperación le pregunte ¡por qué nadie me podía querer a mí! ¡POR QUÉ! La tome del pelo y le pregunté si quería acompañar a su amado. Le levanté el rostro mientras veía sus ojos suplicar el perdón. Era hermosa, su belleza me hizo odiarla más. Sin ningún miramiento, procedí a hacerle lo mismo que a su “amorcito”. Quería robar su belleza. Derramarla por el piso. Que la piel se quedara en la grave. La sangre se mezclara con la arena y su pelo con el viento. No quería que quedara nada, ningún rastro de su belleza. Como de costumbre, la policía llegó segundos tarde. La hermosa pareja de tortolitos se había convertido en un par de cuerpos sin rostros nadando en un mar de sangre y demás. Irónicamente les había entrelazado las manos. Muertos juntos. A ver si así se podían amar. Muertos. Muertos por mi pasado. Mi odio. Mi rechazo. Ahora me toca morir a mí, pero muero feliz. Muero con una sonrisa. Ya nadie me va a rechazar. La aguja entra en mi piel liberando su veneno. Poco a poco me desvanezco. Me voy y sonrío. Los maté porque se amaban. Por su maldita culpa. Por su amor los maté.

No puedo



Y juré creer que no me importaba. Juré que me daba lo mismo. Una reverenda hipocresía. Un auto engaño que me duele y confunde. Y ahora simplemente estoy aquí. Tratando de sonreír, mientras le digo al mundo que no pasa nada, que el dolor que siento y me mata no existe. Sonreír y tratar de convencerte que lo que siento es una mentira. Que no es nada, simplemente cansancio. Cierro los ojos con la ilusa intención de escapar de esta absurda realidad. Una realidad que me caza y persigue. Como te puedo expresar que me mata el hecho de saber que estas en sus brazos. El saber que tocas sus labios. Simplemente no puedo. No puedo estar asi´. No te quiero perder y tú tampoco lo quieres, pero no puedo. No puedo. Rómpeme el corazón, patéame, muérdeme o mátame pero no me hagas sufrir teniéndome a tu lado. Sé que eres feliz y en verdad me alegra pero no me puedo traicionar. Esta sonrisa me ahoga. Me está matando y siento que me desangro. Disculpa que me escape, pero no encuentro otro modo de evitar el dolor que una vez creí haber olvidado. No puedo. No puedo. NO PUEDO. Simplemente no encuentro el interruptor. No lo puedo apagar. No lo puedo olvidar. Quiero irme. Estar solo y dejar de pensar. Dejar de sentir. Ya no puedo más. Déjame partir. Libérame de ti.

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