Cambio y máscara

Ven, te invito a conocerme. Acércate sin miedo. Aquél que conociste murió. Esta enterrado muy dentro de mí. Cambió por tu culpa; cambió con el tiempo porque era necesario. Sus sentimientos e inocencia quedaron ocultos. Decidió disfrazarse; ponerse una máscara. Una máscara que solo tú puedes quitar. El niño al que conociste tiempo atrás murió. Creció. Cambió. Quizá no sea la persona que esperas que sea. No hay vuelta atrás. El cambio se ha hecho y aprendí a convivir con él.    Esto es en lo que me convertí. La máscara que me puse.  Acéptame. Espero que me entiendas y me quieras.

Estación de trenes

Estoy sentado, estático, mientras el mundo gira a mí alrededor. El tiempo pasa y la gente pasa a mí alrededor. Ni siquiera se inmuta. No notan que sigo esperándote. En la estación de trenes. Como cada día. Esperándote a que vuelvas. Tal como lo prometiste. Prometiste que volverías a mí. Que juntos empezaríamos otra vez. Un nuevo comienzo. Una nueva vida.  Veo trenes que llegan y trenes que van. Las noticias no me indican que  hayas perecido.  Tengo la esperanza de que no estés en la llamada zona de desastre. Espero que pudieras salir a tiempo. Que nos encontremos juntos una vez más.  Sigo esperando, mientras el pánico se apropia de cada parte de mi cuerpo. La desesperación y frustración de no poder hacer  nada. Quiero regresar y buscarte, pero no me dejan. Espero que mi amor y egoísmo te pueda traer a mí. Es lo único que puedo hacer. Espero. Los trenes vienen y se van. El reloj avanza y sigo aquí. Esperando que vuelvas. Esperando que sigas viva. Esperando poder oler uno más de tus alientos. Esperando que no hayas expirado el último.

Amor y muerte


Esta vez es muy tarde. Nunca más podre tenerte. Nunca más podre decirte que te amo. Sólo quedará en mis sueños. Dejaste un hueco imposible de llenar. Lo que más me duele es que esta vez ni siquiera podré verte, sentirte u oírte. Es muy tarde. Estoy sentado aquí. En el frio piso del invierno. Frente a esa caja monstruosa. Se perfectamente que hay en su interior. Para mí solo es dolor y lagrimas. Recuerdos alegres que no volverán a pasar. Lo único que recuerdo son los momentos normales y coloquiales de nuestra vida. Nunca más podré sentir tus labios. Oler tu pelo. Sentir tu calor o tus latidos en la palma de mi mano. Esta vez es un viaje del que no hay regreso. ¿Por qué tuviste que irte? ¿Por qué me dejas solo en este mundo lleno de dolor? Las lágrimas inundan mi rostro y no sé ni cómo juntar todos los pedazos en mi pecho. Vuelve. Quédate. No te vayas. Esto no es lo mismo sin ti. Los colores se han ido, la música ya no suena. Sólo hay frio y dolor. Desesperación y soledad. ¿Por qué tuviste que morir tan pronto? Ahora solo espero el tiempo para morir y volver a tus brazos. No sé que pase después de la muerte. Pero por ahora, es a lo único a lo que me aferro. Necesito creer que te volveré a tener. Necesito creer en algo. Ya pronto moriré y quizás estemos juntos en esta misma caja. Juntos… eternamente.

Presente, pasado y futuro

¿Por qué no puedo vivir el presente? O estoy en el pasado o sueño un futuro. Siempre deseo algo que no puedo tener. Los planes nunca salen como espero. Demasiadas variables. Realmente en mi intento de controlar mi vida, es lo único que no controlo. Quizá deba ir en la corriente. Dejar de luchar, rendirme ante la fuerza de todo. Sólo disfrutar hasta que no pueda más. Total ya estoy apagado. Hace tiempo dejé de ser yo. Morí. Enterré mis sentimientos.  Decidí ponerme una máscara  y crear una nueva historia. Enterrar el pasado. Mis tormentos me persiguen en cuanto cierro los ojos. El pasado, como una ola furiosa, me tormenta. Sólo puedo pensar en un futuro. El problema es que el único que no encaja soy yo. Debería morir. Estaría mejor todo. El silencio. Los recuerdos no me amedrentarían más. El deseo que se vuelve dolor. La misma pregunta me persigue. ¡¿Quién soy yo?! ¿En qué me convertí? No sé la verdadera respuesta. La máscara se convirtió en mi rostro. El problema es que siento que me ahogo. Ya no hay tiempo. El presente se vuelve pasado y el futuro en presente. Creo que en ningún momento estoy. Ahora todo es silencio. Quizás morir fue lo mejor. Ahora descanso en paz.

El Cuadro

Sentado. Contemplando. Viendo aquél rostro en el lienzo, mientras pasa el tiempo. Detenidamente recorro las líneas de esa figura. Su hermosa sonrisa, esos ojos llenos de amo. Cada pequeño detalle me lo memorizo. Lo grabo en mi mente. Todo es hermoso y perfecto pero algo falta. Mientras pasa el tiempo empiezo a notar las pinceladas. Empiezo a notar una ligera curvatura en el marco. Unos ojos perdidos en el tiempo. Surgen unas grietas perfectamente disimuladas y escondidas. La fase de enamoramiento se esfuma, noto cada detalle. La perfección con todas sus imperfecciones.
Debería irme y conservar sólo el hermoso recuerdo de la pintura perfecta.  Más no puedo. Estoy fascinado, totalmente perdido y enganchado. Con la mirada sigo las grietas tratando de encontrar su origen. Intento entenderlas. Acaricio el marco; lo siento. Cada detalle la vuelve más hermosa. Más completa. Perfecta. De pronto, todo el conjunto se ve terminado. Completo. Algo digno de admiración, ver y querer. No me puedo ir, es muy tarde. Me perdí en la pintura.  Las pinceladas se marcan en mi piel. El olor me enloquece y marea. Estoy en un estadio de euforia e hipnotismo.  Fascinación. Cada grieta, curva, punto, línea, forma y color me dejan perplejo. Ciertamente en tus imperfecciones está tu perfección. Deseo tenerte, más eres inaccesible. Para mi tristeza tendré que venir a contemplarte. Sentarme en este frío  y duro banco de madera. Esperando que pase el tiempo y me devuelvas la sonrisa. Esperando hasta unirme a tu pintura. En un solo y hermoso cuadro. Entero y perfecto.

Un insignificante escultor

Yo te amaba por quien eras. No por cómo te veías. Amaba tus defectos y virtudes. Incluso te veía con perfección.  Una obra maestra capaz de todo. Amaba observarte y escucharte. Eres hermosa, pero esa, era la menor de tus virtudes. Te amaba, pero ahora, no lo sé. La duda me mata; me ciega y asusta. Empiezo a sentir que no puedo salir bien de esta. Una obra maestra y yo solo soy un pequeño escultor, es más, un aprendiz de escultor. No puedo ni con mis propias figuras. Tantas veces he tratado de tallar algo similar a ti. No puedo. Eres increíble, única. Tus detalles, tu historia e incluso esas marcas. Esas grietas que empieza a dejar el tiempo. El daño que dejan los que te tuvieron. Le da más valor a toda la escultura. Tan blanca y tan pura. Quisiera esculpirte y estudiarte. De ser posible enmendar tus daños.  Déjame repararte, aún si soy un pequeño escultor.  Captar tu esencia, tú aroma, tu figura, tu personalidad y carácter. Todos esos elementos que te hacen única y magistral. La mejor escultura. Pero que se puede hacer, sólo es el sueño de un pobre aprendiz de escultor. Tan insignificante y sin embargo con sueños de grandeza.

Contando

Cuento. Cuento y cuento. Cuento números, historias, bromas, borregos para dormir, horas,  días, meses y años. Mientras me fijaba en todo lo que cuento, me di cuenta el tiempo que llevo sin verte. Ocho largos meses. Ocho meses sin verte… físicamente. Pues gracias a la tecnología es imposible no verte, oírte y hablarte. Sin embargo no es lo mismo.  Ocho meses. Es mucho tiempo para las personas. En ese tiempo cambiamos mucho.  ¿Qué habrá pasado? ¿En qué cambiamos? ¿Puedes creer que aún así siento algo por ti? Me gustas. Aún cuando pienses que no te conozco.  Qué tontería. Cuento las ausencias y cuento las promesas. Cuento los días y los momentos que pasamos juntos. Sobre todo cuento el tiempo que falta para que estemos juntos. Tic tac. Tic tac. Uno, dos tres. Tiempo. Tiempo. Tiempo. Al final eso es lo que más cuento, el tiempo; pero desearía contar tus besos y caricias.

Regresemos el tiempo

Pretendamos que no ha pasado. Sólo atrasemos unas horas las manecillas del reloj y pongamos de regreso unas páginas al calendario. Engañemos por un momento al tiempo y pretendamos que no hemos pasado por ese momento. Volvamos a vivirlo. Regresemos a ese momento en el que estábamos juntos, en el que no pretendíamos ser algo más que nosotros mismos.  Regresemos el tiempo, y con él, quitémonos esas mascaras que llamamos rostro. Dejemos salir quienes somos, nuestros deseos, lo que queremos y sentimos.  Dejemos de lado el que dirán y empecemos a actuar y a vivir.  Disfrutemos de la vida. Dejemos de lado nuestros miedos e inseguridades y volvamos a empezar. Perdonemos y olvidemos lo malo. Redime mis errores y disculpa por el daño. Cuenta hacía atrás. Quizá de esa manera todo el dolor acumulado se esfume. Empezar de cero. ¿Será posible? ¿O es sólo un sueño idiota? ¿Podré disculparme contigo? No te vayas, vuelve. Regresa el tiempo y empecemos otra vez. ¿Puedo tomar tu mano? ¿Confiarías en mí, una vez más?

Camino y hogar

Caminante sin rumbo y sin hogar. Tal vez tenga un sitio donde pasar la noche y cubrirme del mal clima. Más no tengo un sitio al cual llamarle hogar. Mucho menos uno al que pueda utilizar el adjetivo posesivo indicando mi casa. Desde que tengo recuerdos ha sido tuya; me la prestas para vivir y estar. Pero mía… eso nunca lo fue. Quizá sea momento de irme. Pero todavía no puedo. Necesito más tiempo al Sol.  Será cuestión de tiempo. La necesidad se hace más grande con el tiempo.  Muchas veces me preguntaron que si pasaba mucho tiempo. La respuesta siempre fue que no.  Me preguntaron si sentí nostalgia cuando no estaba. La respuesta era la misma. No.  Hacía casa donde estaba. Un hotel, un cuarto prestado, una cama, una almohada y una sábana. Me quedé con la idea de que mi hogar era yo. Una casa caminante, me faltaba la estructura arquitectónica. Suena desesperado, lo sé. Qué se le puede hacer si, así me acostumbre. Es similar a la soledad pero lo elijó yo. Eso quiero creer. Quiero tener mi hogar; un lugar donde encajar en este mundo. Me siento diferente. La gente no me odia pero no duro en el recuerdo mucho tiempo. Soy alguien con quien pasas el tiempo pero no con quien vives. Quizá pase por este sitio y me vaya. Caminante de lugares, sin hogar y sin personas. Solo yo. Varios caminos, varios hogares pero solo yo. Al fin y al cabo parece ser el único al que defraudo menos. Mi persona. 

Frankenstein

Ahora te da miedo verme. No soportas mi mirada. Te da miedo mi imagen.  El simple hecho de verme te asusta. Pero no soy otra cosa más que una más de tus creaciones. Soy un monstruo hecho por ti. Me moldeaste y enseñaste. Ahora no me toleras y te asustas. Me desconoces y huyes. Me mandas una horda con palos y antorchas a matarme. Más demonios y monstruos. Todos hechos por ti.  Acaso no es posible poder vivir contigo. Tanto miedo doy. Tú fuiste quien junto los pedacitos de aquí y de allá. Los uniste, cortaste y formaste. Tú integraste el nuevo cuerpo. Rellenaste los espacios y me diste algo similar a la vida. Hoy me desconoces. Yo no quería ser Frankenstein, pero así me hiciste. No me culpes por tus errores, que ahora se han marcado en mí.

La Bestia

Descubriste mi secreto verdad. Un secreto que simplemente de pensarlo te aterra. ¿Verdad que no es lo mismo que le pase a otra a que te pase a ti? Es idea te tiene perturbada. Si es lo que piensas… No sabes cómo reaccionar. Tu distancia me golpea y lastima. ¿Por qué no me confrontas? ¿Te da miedo mi secreto? No te gusta jugar el juego de la bella y la bestia pero, estoy seguro que si fuera otra persona disfrutarías del espectáculo. Me alentarías si no fueras tú la involucrada. Pero para serte honesto yo no tengo la culpa. Fuiste tú quien me engancho y sedujo. Un daño colateral.  No eres tu soy yo. ¿Cierto? La bestia da miedo y más cuando se presenta ante bella. Quizás no te convenza con un baile pues mis habilidades son otras. La pregunta es ¿qué tanto me conoces? ¿Me conoces o son simples prejuicios e imágenes? Me gustaría saber cómo te sentirías si me conocieras otra vez pero con los ojos vendados. ¿Cuál sería tu imagen de mí? Me gustaría que me dieras una oportunidad pero la realidad es dura. Te conozco o al menos eso creo. Sé que tú tienes interés en otra persona. Alguien, digamos, más a tu parecer. Por mi propio bien espero que el último pétalo no caiga. Nunca quise ser la bestia y menos lastimarte. 

Una comodidad incomoda

Empiezo a notar que ya casi no nos hablamos. Nuestros temas de interés son muy diferentes. Nuestros espacios ya no son los mismos. Hemos perdido el interés. Nuestras acciones y palabras no hacen otra cosa más que molestarnos. Con el tiempo sientes que invado tu espacio y tú el mío. No nos damos pausas y no conocemos los límites. Muchas veces he temido que seamos el mismo monstruo. Aquello que no hemos querido convertirnos y sin embargo; nuestro destino es triste.  Cada vez el conflicto es más grande. Nuestras independencias nos están afectando. Tú pensaste que era un arranque de celos y de poder. Pensamos que era una falta de amor. ¿El cariño se perdió? ¿En algún momento, volverá a ser como antes? En algún momento del camino todo se trasgredió. El cambio fue muy rápido y fuerte. Nos volvimos obsesivos y adictos. Nos separamos y cerramos. Ya no sabemos qué quiere el otro. Lamento que todo se empiece a hundir. Pero quizás el tiempo de separación sólo fue una máscara. Un efecto contrario al esperado. Tanto  nos quisimos extrañar, que terminamos olvidándonos. Perdimos el interés. El tiempo que pasamos juntos es incomodo y obligado. Las conversaciones parecen un interrogatorio unilateral en el que nos turnamos por ser los inquisidores. Buscamos provecho del otro sin querer involucrarnos. ¿Qué fue lo que pasó? ¿Podremos volver a ser como antes? La respuesta se ve clara. No. EL cambio se ha hecho y ambos estamos cómodos con lo nuevo. Es más fácil vivir así. Ignorándonos. No toda historia siempre termina con un final feliz.  Por lo menos creemos estar cómodos.

Camino del precipicio

¿Has sentido ese sentimiento frío y doloroso? ¿Ese sentimiento de cuando recibes silencio o palabras frías de aquellos a los que más quieres? ¿Cuándo recibes esa mirada que mata o la espalda? Esas caídas. El cansancio y abrumo. Las lagrimas contenidas, el nudo en la garganta y el grito en pecho. Esa ira que sube por el cuerpo. La sensación que surge. Una sensación de abrazo a la muerte. Que se deriva de una posición hacia la vida de desinterés y hastío. Un pensamiento cálido en el que abrazas a la muerte y dejas todo. Irte. No volver. Dejar de sufrir. Esos pensamientos que te envenenan y te seducen. Piensas que la tristeza se esfume. Una salida fácil. Un odio que llena y marchita. Desesperación. Impotencia. Es en esos momentos en los que solo tu mirada, tus juegos y un abrazo me salvan del abismo. El sentir tu cuerpo. Tu corazón. Me distaren y me traen de vuelta. Me da una nueva sensación de calor. Disimula y disfraza el odio y cansancio. ¡Cuánta falta me hacías! Ya te necesitaba de vuelta. Sólo tú puedes lograr que esboce una sonrisa, bueno lo nombraremos así a falta de un mejor nombre, pues su imagen insulta a la autentica sonrisa. Tú presencia. Cuando estuve tan cerca de saltar al precipicio, me empujaste para atrás. Tu imagen. Sólo eso necesito. Me desviaste cuando ya iba caminando al abismo. Me sedujiste y me trajiste de vuelta a la vida. Me encadenaste a este mundo. Me separaste del precipicio.

Promesas

Promesas. Actos de palabra que muchas veces no son cumplidos. Nos conllevan a desilusiones y tristezas. Falsas esperanzas. Problemas y pérdida de confianza. Palabras que de no ser cumplidas no son más que eso. Palabras. Heridas que van dejando en las personas. Desinterés. Más por el contrario, de ser cumplidas nos provocan una gran dicha y emoción. Una alegría que no cabe en nuestros corazones. El saber que se puede creer. Que se puede tener una esperanza.  Una promesa, un contrato de palabra y corazón. Creencia y hasta cierto modo fe.  Promesas completas y falsas promesas. Un mundo nos rodea. ¿Quién nos lastima y quién nos cuida? Un eterno dilema. ¿Cuándo las promesas se cumplen? ¿Cuándo son palabras y rodeos? Dame una razón para creer. Dame esperanza. Bríndame una fe. Cumple tu promesa.

Respuesta del corazón al cerebro

Calla tú. Pues tu lógica nos cega y nos encela. Cierras los ojos y dejas de escuchar. En un vano intento de protegernos nos haces daño. Nos aíslas y lastimas. Me dices que deje de ilusionarme. Me dices que ya no sienta.  Tú, más que nadie, sabes que es parte del motor de la vida. Pero te da miedo. Un miedo a salir herido, a no salir airoso de tan gran campaña, un miedo al rechazo.  Te da pavor no poder controlar lo que pasará. Pues aún cuando eres maestro del conocimiento no controlas los sentimientos. Hay radico yo. Esa parte del ser humano que lo hace tan complejo, cambiante así como vulnerable y fuerte. Tú me mandas callar. Me mandas dejar de soñar y desear sin perder esperanza. Esta vez te pido que lo reflexiones. Ten valor. No pienses todo. No es un cálculo. Es pasión pura. Déjalo desbordar. Y si… salimos airosos, sabes la alegría que tendremos. Si no… así mismo es mi trabajo sanar. Puede que tarde pero de mis errores aprendo. Deja que sane. Quítate el miedo y dame voluntad. No pienses en todo. Déjalo sentir y vivir. Ayúdame a mejorar. A dar siempre el máximo; a nunca retirarnos ni rendirnos y siempre salir en alto. Protégeme y avísame. Pero no me niegues la oportunidad de ser feliz.

Cuando de amor y guerra se habla

Hoy estoy adolorido. Mi cuerpo y alma se posan a tus pies. Mi mente me quiere proteger. Sabe que piensas en otro.  Sabe que mis sueños no son más que eso: sueños.  Un deseo que peligrosamente se puede convertir en obsesión. Mi corazón late cada vez más aprisa y sin embargo no sé si es por desesperación o amor. Es prematuro decirlo, y más aún esa palabra. Amor. Tan peligrosa. Tantas veces usada falsamente hacía tu persona. Te ha herido y lastimado. Haz levantado  una muralla en tu corazón. A momentos pienso que cruzarla es imposible. ¿Qué probabilidades tengo de cruzar? La puerta me rechaza y en cambio; la abres para otra persona. Será que tendré que luchar. Tendré que quitarme el miedo y pelear. Pero… vale la pena sangrar. Una guerra que me costará tanto dolor. ¿Y si pierdo? ¿Te pierdo para siempre? Una guerra a fin de cuentas y en la guerra siempre hay dolor. Una guerra que preferiría evitar. No sé si esté preparado. Quizá perezca en el intento. ¿Qué se pierde? Una vida, una amistad, un amor o un sentir.  Cuando de amor y guerra se habla el costo humano es inmensurable. 

Ladrón

¿Y si cierras los ojos? ¿Qué tal que te descuidas y te robo un beso? Incluso quizás por un instante pueda robarte un sueño. Robarte de la realidad y trasladarte a mis sueños. Robarte un aliento y decirte lo que siento.  Expresarte y mostrarte el modo en el que late mi corazón.  Déjame robar tu tiempo. Tú prisionero, has hecho a mi corazón y sin darte cuenta lo tienes en tus manos. Cierra los ojos y duerme. Yo estaré para cuidarte de tus pesadillas y proteger tus sueños.  Te robare tus abrazos y tus besos. Tu cariño. Déjame entregarte mi escancia y robarte un poco de la tuya.  Robar tus pensamientos. Sellar tus labios con mis besos. Todo eso si me dejas robarte un beso. Déjame ser ese pequeño ladrón.

Como el mar

Eres como  las olas del mar. Bella, peligrosa, cambiante y fuerte. Puedo pasar horas contemplándote. Puedo intentar adivinar hasta donde llegaras la próxima vez. Vienes y te vas. Muchas veces me has arrastrado hasta lo más profundo de tu ser. Ahogándome. Aún cuando me intrigas, te respeto y te temo. Sé que puedo perecer en tus labios. Tengo que medir la marea, observar el clima y sentir la presión. Eres como el mar más calmo y como el más peligroso. Excitante, llena de aventura y pasión. Te deseo, sin embargo, en tu inmensidad no te puedo poseer. Pero en esta botella de cristal, encierro una parte de ti. Nunca te podre tener, al menos completamente.

Fantasma

¿Cuántas veces en mis dedos se quedó decirte lo que siento? ¿Cuántas veces mis labios no dijeron lo que el corazón sentía? Y hoy, es muy tarde para dar explicaciones. Tal vez mis te quiero nunca fueron suficientes.  TU presencia embriagaba mis sentidos, tenías el don para tenerme a tus pies. Siempre fuiste como un fantasma. Estabas ausente por momentos y muy presente en otros.  Pero tu presencia siempre me dejaba huella.  Una huella que se hacía cada vez más profunda. No me podía resignar. Sin saberlo me habías encantado. Muchas veces temí mostrarte lo que siento, por miedo a tu distancia. Ahora en silencio me lamento. Las lágrimas inundan mis mejillas y el silencio se ve desgarrado por mis lamentos.  Un adiós prematuro. Quizás se pudo haber evitado si se hubiera tenido el coraje. Hoy tienes nueva compañía y tu distancia se siente cada vez más. Haz dejado de ser mi fantasma, mi pequeña estrella. Me pregunto, ¿por qué nunca tuve el valor? Ese miedo irracional o era únicamente esa comodidad mediocre. Un conformismo disfrazado de miedo. Ahora si eres un fantasma. Un fantasma que se desvanece con el tiempo y se ve remplazado con tristeza en mi corazón. Hoy los recuerdos, no son más que cadenas de mi alma. Miedo. Una inseguridad que acaba con todo. Si tan sólo no lo hubiera planeado. Siempre controlando todo. Tratando de controlar lo incontrolable. Destino final: fracaso. Me duele. Mi fantasma se ha ido y quizás no vuelva nunca más. Hoy lloro en mi castillo, anhelando su regreso.

Sentencia del cerebro al corazón

Con el tiempo empiezo a querer ignorarte. ¡Calla estúpido corazón! Qué sólo lastimado y herido puedes salir de esto. Deja tus estúpidos deseos. Tu ingenuidad nos lastima y maldice. Muchas veces nuestras mejillas se inundaron, dejando surcos de dolor. Pero no he olvidado el bien que nos ha hecho. Por esa razón te perdono. Nos cambió. Nos hizo mejorar. Aún cuando nos costó sangre y esfuerzo. En parte se lo debemos. Fue en nuestra desesperación lo que nos catalizó a esta metamorfosis. Quizá después de todo no seas tan inútil. Deja tus niñadas e inocencias. Ciérrate una vez más. No te ilusiones. Sécate y cálmate. Palpita lentamente otra vez.  Hoy no te doy más permiso. Volveremos a ser fríos y calmos. Te dejaremos de lado y no podrás tomar decisiones. Más no pierdas la esperanza. Que si encuentras a alguien que haga que una vez más nos intoxiquemos y perdamos nuestra escasa cordura. Podrás volver a hervir la sangre.

Seguidores

Labels